NOCTURNO DE SANTIAGO
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Junto a los muros desvelados de Santiago
mi fantasma ahoga revólveres y brazos.
y antifaces de plomo y hierba y plumas
entornan sus ojos debajo de la nieve.
(La soledad decapitada
bordonea en tus barandas).
Interminablemente
el tiempo está llorando
en azoteas desiertas.
Las estatuas sueñan.
Oscurece:
¿qué pie resbala en el musgo
de tu queda escalinata?
Sangra el silencio.
Las paredes crecen.
– ¿Qué vive, amor?
– ¡El viento! ¡El viento!
¡Ay maleficio
de las goteras!
Espejo cual fosa abierta.
Memento.
Sobre armarios y botellas y cornisas,
sobre labios y diafragmas y sombreros,
y paraguas como yertas rosas negras,
aletean ilegibles mariposas.
La lluvia errante nos invoca,
desde lejos, con su aullido
de cierva malherida, con su frente
de alambres retorcidos y lunas agrietadas,
con tejados de sombra
irremediablemente lejanos y perdidos.
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De:«𝘊𝘢𝘯𝘵𝘰𝘴» (1971)
(Fuente: Grover González Gallardo Poesía)

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