
de madrugada
Piedad para los equivocados, para
los que apuraron el paso y los torpes
de lentitud. Para los que hablaron bajo tortura
callar a tiempo o no pudieron mover
un dedo; perdón por los desaires con que me trata
la suerte; por titubeos y balbuceos. Perdón
por el campo que crece en los espacios de la época
trabajosa, soberbia. Perdón
por dejarse acunar entre huesos
y tierras, sabihondos y suicidas, ardores
y ocasos, imaginaciones perdidas y penumbras.
Nota: cuando lo mataron de un culatazo en la cabeza en 1976 ya era un escritor, periodista y guionista de televisión reconocido.
(Fuente: Daniel Edgardo Petasne)
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