
CUATRO
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Afuera cantan los gallos,
enervando a los piojos en las retículas
de la cama:
la tarde va al ocaso sin mirarte,
y no oyes ya la risa de los niños
ni de los ancianos.
Acábase la vida
como una pluma al centro de una fogata.
Ya no preguntes por tu nombre ni tu apellido:
estás en el dintel de la nada,
quizá puedas beber una tizana
ya sin sabor para siempre,
puedes atenerte al latido de tu vena;
pero todo está dicho:
llega la muerte con su ladrido pasmado
y tú no tienes vela en este entierro.
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De: «𝘞𝘢𝘬𝘰𝘯𝘥𝘢»
Feliciano Mejía Hidalgo es un poeta peruano 
(Fuente: Grover González Gallardo Poesía)
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