domingo, 4 de junio de 2023

Annamaria Ferramosca (Tricase, Italia, 1946)

 

Dos poemas



 
 
sobre la octava elegía de Rilke
 

la casa tiene ventanas al mar
para recordar el origen 
el vórtice la calma las velas milenarias
los retornos que se convierten en despedidas 
partidas para otros océanos

el jardín tiene pinos de Alepo y olivos
para hospedar a quien no sabe de la muerte:
insectos y aves   zorros
nocturnos    a veces ―inmóviles―
miran también ellos el mar
como por un resplandor misterioso
―los animales nunca miran fijamente
la muerte a los ojos―
nosotros la tenemos al lado y miopes
vemos el cielo iluminarse con fuegos
y los lugares donde
ella ciegamente llueve

la rosa veloz se deshoja
en silencio las espinas se preparan
para penetrarnos las carnes
el mar para sumergir el desorden
los abrazos mezclados con disparos a pesar de
la angustia sonada a rebato
de las cigarras en las ramas

desde los pinos vuelan
golondrinas al sur   imperturbables
 
 


la plaza de las tarántulas vencidas *
 

tenemos otras palabras esta noche
un cuerpo musical
para vengar el tiempo
pasado sin fuegos
tenemos el alba
que golpea sobre pieles estiradas en zarabanda
furor de plata sobre los olivos
hasta el mar ―el eco
pone celosas a las grutas―
pies 
para marcar golpes de amor sobre la tierra
y truenos
para disipar todos los aracnohábitos 

en la plaza el aire
es trazado por espadas con los brazos 
las muchachas destellan la tierra
donde bailan
vuelan los círculos de las faldas a la luna
se incendian los tambores hasta la sangre
(para desatar los perros rítmicos al unísono
se rompe el miedo)
 

*Es una plaza del Salento (Apulia), donde en el verano el sonido de 
los tamborileros involucra a la población en un baile colectivo liberador 
por noches enteras.


Versiones de Antonio Nazzaro

Volver a escribir la vida
,
Abisinia Editorial, 
Buenos Aires, 2023










Foto: Annamaria Ferramosca/Facebook
 
 
(Fuente: Otra Iglesia Es Imposible)

 

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