La última niebla (fragmento)
Noche a noche, Daniel se duerme a mi lado, indiferente como un
hermano. Lo abrigo con indulgencia, porque hace años, toda una
larga noche, he vivido del calor de otro hombre. Me levanto,
enciendo a hurtadillas una lámpara y escribo:
―He conocido el perfume de tu hombro y desde ese día soy tuya.
Te deseo. Me pasaría la vida tendida, esperando que vinieras a
apretar contra mi cuerpo tu cuerpo fuerte y conocedor del mío,
como si fuera su dueño desde siempre. Me separo de tu abrazo y
todo el día me persigue el recuerdo de cuando me suspendo a tu
cuello y suspiro sobre tu boca. Escribo y rompo.
de La última niebla (novela), Editorial Colombo, Buenos Aires, 1935
(Fuente: Emma Gunst)
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