En el momento
En el momento de nacer, poco más tarde, no hubo sentidos revelados. Lo auspicioso de ese día fue una luz de neón, perecedera, incandescente, enrarecida, dibujando el signo de la palindromía –Madam, I'm Adam– más perfecta en otro idioma y más sombría que dominar los sentidos. El reflejo intermitente tornó inútil el espejo; demorado, ¡ay! el círculo callado, sorprendido, de los cuerpos que buscándose se evitan en el calor de lo íntimo. ¡Haber nacido bajo ese signo! Haber nacido. A diario el tedio vuelve del revés el derecho natural, y el asedio es del sitio de lo mismo: Al no desear, me muero. Quiero a ese pájaro de mal aguero, al que amenaza Mad am I con énfasis vital y tanto élan. . . Madam, ¡ay!, perdamos tiempo si todo está perdido, hablemos trivialmente del paso, del abismo.
(Fuente: Ezequiel Zaidenwerg Dib)

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