De festejo
Te sentás en tu silla, sin que nada te toque, sentís como tu vieja persona se transforma en una aún más vieja, e imaginás tan sólo la paciencia del agua, el tedio de la roca. Te ponés a pensar que el silencio es la página sobrante, pensás que nada es bueno ni malo, ni siquiera la oscuridad que llena la casa mientras vos mirás desde tu silla. Ya has visto suceder lo mismo antes. Tus amigos pasan por la ventana, con las caras manchadas de remordimiento. Vos querés saludarlos pero sos incapaz de levantar la mano. Te sentás en tu silla. Contemplás cómo la yerbamora envuelve con su red venenosa la casa, y sentís en la boca el gusto de la miel de la ausencia. Es el mismo donde quiera que estés, el mismo si la voz se pudre antes que el cuerpo, o si acaso es el cuerpo el que se pudre primero que la voz. Vos sabés que el deseo conduce únicamente al sufrimiento, y el sufrimiento lleva a la satisfacción, que conduce al vacío. Sabés que esto es diferente, que esto es el festejo, el único festejo, y que al abandonarte de esta forma a la nada vas a sanar. Sabés que hay alegría en sentir tus pulmones prepararse para un futuro de cenizas, así que te quedás mirando y esperando mientras se asienta el polvo, y las horas milagrosas de la infancia se pierden en la oscuridad.
Traducción de Ezequiel Zaidenwerg Dib
No hay comentarios:
Publicar un comentario