
CEREZAS
.
esa mujer que ahora mismito se parece
a santa teresa
mar absorto en el colibrí que vuela por su ojo izquierdo
cuando le dan de amar/
y un beso antes todavía/
pisaba el mundo corrigiendo la noche
con un pretexto cualquiera/ en realidad
es una nube
a caballo de una mujer/un corazón
que avanza cuando tocan
el himno nacional y ella
rezonga como un bandoneón mojado
hasta los huesos
por la llovizna nacional/
esa mujer pide limosna en un crepúsculo
de ollas
que lava con furor/con sangre/con olvido/
encenderla es como poner en la vitrola
un disco de gardel/
caen calles de fuego de su barrio irrompible
y una mujer y un hombre que caminan atados
al delantal de penas con que se pone a lavar/
igual que mi madre lavando pisos cada día/
para que el día tenga una perla en los pies/
es una perla de rocío/
mamá se levantaba con los ojos llenos de rocío/
le crecían cerezas en los ojos y cada noche los besaba el rocío/
en la mitad de la noche me despertaba el ruido de sus cerezas
creciendo/
el olor de sus ojos me abrigaba en la pieza/
siempre le vi ramitas verdes en las manos con que fregaba el día/
limpiaba suciedades del mundo/
lavaba el piso del sur/
volviendo a esa mujer/en sus hojas más altas se posan
los horizontes que miré mañana/
los pajaritos que volarán ayer/
yo mismo con su nombre en mis labios/
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De: «𝘗𝘢𝘭𝘢𝘣𝘳𝘢» (1994)
(Fuente: Grover González Gallardo Poesía)
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