Hablan los ancestros
Los zapatos que dejamos se llenaron de los problemas de los que hablan ustedes, del ruido de las olas en sus orejas. Somos la gran pandilla de mujeres y hombres buscados pero nunca juzgados. Vestidos de negro, de rumores, somos sus células engordadas, sangre caliente y moretón. Ustedes son nuestro cigoto moderno. Nuestro óvulo de pie en la encrucijada donde una chica espera con un clavel. Si aquello que termina al empezar al terminar empieza, ayúdennos a afianzar nuestra historia. Vamos a pavonearnos enteros dentro de ustedes, a pisotearles nuestra frase en la boca. Si nos ven con mezquindad, el árbol centenario se va a poner negro. El pueblo ya no es el mismo. No podemos agarrar al que se cae. Húndanse por propia voluntad en la profundidad de lo común.
Traducción de Ezequiel Zaidenwerg Dib
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