HILARIO BUSCA A SU AMOR DEL TREN
¿Qué rayuela alberga tu paso asincrónico?
¿Ineficacia o audacia te infliges a tus caderas locas?
Qué derroche de locura y excentricidad tu rostro de asteroides del espanto.
Tus ojos rutilan el fluir de las aguas de la muerte.
Peregrino maldito, borracho, loco, llorón
de carcajada imprevista entre la gente.
Ceguedad iluminada en la desidia del andén
vas como desperezando cetáceos
con el sarcasmo de tus labios de voz.
Torpedo impulsivo, terco
resoplando una flauta de truenos
hacia el silencio de tu conmoción,
lamiéndote descerebrado la barba de saliva
y tu costado tiernamente cruel.
Yergue ya tus rodillas malheridas de morir mil veces.
Cuéntame tus ideas como proyectil entre los astros de la euforia.
Contágiame tu sueño más atroz.
Sin prisa sin pausa
Chivilcoy, Buenos Aires, Argentina
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