viernes, 21 de agosto de 2020

Antonia Pozzi (Italia, 1913 - 1938)



Pudor

Si alguna de mis pobres palabras
te gusta
y me lo dices
aunque sea sólo con los ojos
yo me abro
en una sonrisa santa
pero tiemblo
como una madre joven y pequeña
que todavía se sonroja
cuando un transeúnte le dice
que su bebé es hermoso.



Abandonada

Abandonada en los brazos de la oscuridad
montañas
me enseñan la espera.
Al amanecer, iglesias
se convertirán en mis bosques.
Arderé: vela sobre las flores de otoño
golpeadas por el sol.




Las hermanas

Si dudas todavía, te diré
que para mí nuestro cariño
es como un ramo de flores púrpuras
llevadas por la noche
a una habitación que entristecía.



Noche de abril

Palpita la luna suavemente
detrás del vidrio
de mi jarrón de prímulas:
sin verla la pienso también
como una gran prímula,
asombrada
–sola–
en el prado azul del cielo.



Certeza

Tú eres la hierba y la tierra, la sensación
cuando uno camina con los pies descalzos
por el campo arado.
Por ti anudo mi delantal rojo
y ahora me inclino hacia esta fuente
muda, inmersa en el vientre de la montaña:
sé que de repente
–al mediodía, cuando se multipliquen los gritos
de los jilgueros– surgirá tu rostro
en el espejo sereno, junto al mío.




Calor

Hoy
mi tristeza insiste
en murmurar fuertemente
en mi alma
como una tormenta
impregnada de sal.




(Fuente: Semanal.jornada.Mx)



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