miércoles, 1 de abril de 2026

Tony Hoagland (Fort Bragg, EE. UU., 1953-Santa Fe, EE. UU., 2018)

 

Puede ser una imagen en blanco y negro de una o varias personas 

 

 

EL TRABAJO MÁS SOLITARIO DEL MUNDO

 

En cuanto empiezas a preguntarte ¿Quién me ama?
estás completamente jodido, porque
la siguiente pregunta es ¿Cuánto?
 
y después de cientos de horas
sigues inclinado sobre
tus diagramas de flujo y tus ábacos,
 
tratando de decidir si ya tienes bastante.
Éste es el trabajo más solitario del mundo:
ser un contable del corazón. 
 
Es tarde por la noche. Estás solo,
y alrededor de ti puedes oír
los sonidos que hace la gente 
 
al entrar y salir del amor,
empujando los molinetes, metiendo
sus monedas en las ranuras,
 
pagando el precio que se pide,
y que cambia constantemente.
Nadie sabe por qué.
 
 
 
_________________________
en "Unincorporated Persons in the Late Honda Dynasty", Graywolf Press, Minneapolis, 2010. Versión de Jonio González. En la imagen, Tony Hoagland (Fort Bragg, EE. UU., 1953-Santa Fe, EE. UU., 2018) por Kathleen Lee (New York Times)
_________________________
 
 
 

THE LONELIEST JOB IN THE WORLD 

 

As soon as you begin to ask the question, Who loves me?
you are completely screwed, because
the next question is How Much?
 
and then it is hundreds of hours later,
and you are still hunched over
your flowcharts and abacus,
 
trying to decide if you have gotten enough.
This is the loneliest job in the world:
to be an accountant of the heart.
 
It is late at night. You are by yourself,
and all around you, you can hear
the sounds of people moving
 
in and out of love,
pushing the turnstiles, putting
their coins in the slots,
 
paying the price which is asked,
which constantly changes.
No one knows why.
 

 

(Fuente: Jonio González) 

León Félix Batista (Santo Domingo, República Dominicana, 1964)

 

 

Un poema de León Félix Batista 

 

 

YO YA NO PIENSO MÁS...

 

yo ya no pienso más:
jaque mate de la mente
para zafar la psique de
su entorno
 
uno debe demo-
lerse cada día
subproducto saturado
 
sin importar los yunques
represiones rampa arriba
ni el relámpago de un perro
en los escombros
 
a lo mejor aúlle
nunca ceses de escribir
 
no te pares hasta aquí:
sigue esa náusea
que desemboca en imbornal de olvido
 
no diluyas la paleta de tu croquis anacrónico:
dibuja lo que piensas que no sean sus celajes,
de sí, de su disenso
 
escribir conque uno existe es suficiente
 
como cemento íntimo
para tu mito indómito
deflagración de la palabra “límite”
.....

 

(Fuente: Daniel Freidemberg) 

Ana Hatherly (Oporto, Portugal, 1929-Lisboa, Portugal, 2015)

 

 

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HISTORIA DE LA NIÑA LOCA

 

Buscaron por toda la casa, por toda la tierra,
pero nadie la encontraba.
Ella estaba en el tejado detrás de la chimenea.
Miraba las estrellas y cantaba.
¡Estaba tan feliz y sosegada!
Miraba las estrellas y cantaba. 
¡Dios mío, estaba loca!
Hay que llevársela.
 
¡Era tan feliz!
Miraba las estrellas y cantaba…
 
Me hablas de alas,
de volar…
 
Pero ¿no ves que yo no soy nada,
que no soy ni ángel ni persona,
ni ave ni ingenio,
que mi definición es completamente otra?
 
Yo no soy más que el mismo suelo…
 
Mi vida es poética:
planea entre la vaga mentira y la realidad.
 
El amor me sucede
como las hojas a los árboles.
Y tan singularmente
que ya ni siquiera sé si es natural que un árbol tenga hojas.
 
 
 
_________________________________
trad. del original portugués, Martín López-Vega en “El Cultural”, 9 de noviembre de 2015. En la imagen, Ana Hatherly (Oporto, Portugal, 1929-Lisboa, Portugal, 2015 /Acervo AEM)
 

(Fuente: Jonio González) 

Darío Canton (9 de Julio, Pcia. de Buenos Aires, 1928)

 

 

 

 

47.

 

Atados al árbol de la escritura
quienes se atreven
a probar suerte
como en la lotería
o las máquinas tragamonedas
en ocasiones
logran comienzos como
“Canta, oh diosa
la ira del Pelida Aquiles”
“Aquí me pongo a cantar
al compás de la vigüela”
o finales que siguen resonando
“Polvo serán mas polvo enamorado”

 

 

(Fuente: Gabriel Pantoja) 

Jorie Graham (Nueva York, EEUU, 1950)

 

 

Jorie Graham - Mente 

 

 

RUNAWAY (Segunda versión)

 


Querías
tener visión
pero los dioses
 
cambiaron.
Querías sentir
la fracción de
 
temperatura
al entrar al
agua, sentir el
 
minuto dejar los
minutos
detrás.
 
¿Por qué no ser
feliz¿ ¿Qué están
haciendo
 
a los minutos?
Cada uno toma
ese minuto tuyo
 
y se lo lleva. Se lleva
la esperanza. Quedamos
alrededor, creemos
 
haberlo soñado todo
no lo hicimos
y todo lo que nos rodea 
 
está vivo,
podrido está &
y la humedad 
 
nunca deja de besar
todo in-
discriminadamente: tus
 
manos, tu piel hecha para
encajar en todas partes,
tus párpados sostienen 
 
tu mirada, los escombros,
las pieles antimicrobianas,
las capas de celo-
 
fán, el raro &
preciado saco de papel
todo
 
entregado a nosotros
de modo espectacular,
como si
 
fuera una emergencia
de lo espectacular,
& nuevos datos mostraran
 
más horas nuevas
de desvanecimiento de la deuda,
las cicatrices crecen más rápido 
 
de lo esperado,
también los que huyen
dicen no no, no a ti, tú
 
no estás admitido, dónde
están tus papeles—oh
eso--, sé que te los
 
dimos pero
como ves
cambiamos de opinión—mira,
 
aquí hay una mente
cambiada, una mente
con la casa quemada, cromo 
 
y ceniza mezclados
donde estaba tu vida, quédate
tranquila, escucha
 
a las autoridades, re-
construir, imitar, creer,
esperar, b/c vendrá de nuevo,
 
sobre la cresta, la
bengala lamiendo, como si
tuviera hambre pura, o
 
curvándose sobre ti ahora
el fuego de la
linterna, no te muevas,
 
te lo ruego, nunca
te muevas, averigua
lo que los ellos son,
 
lo que los ellos quieren-
Finge que es una risa, es un
abstenerse—de pagar—el
 
pasado reciente
ello tiene demasiada historia,
una mente puede prender 
 
el fósforo, mira, el fuego
prefiere no morir, & lo obligamos,
lo alimentamos, lo conservamos
 
impagable.
 
 
 
[Traducción: Lab De Poesía]
 

Enrique Marchant (Chile, 1960)

 

 

Bestia profunda y otros poemas (Colección Pippa Passes, 2026) 

 

 

Enrique Marchant Díaz nació en Santiago de Chile el 30 de octubre de 1960. Estudió Pedagogía en Castellano y se tituló de profesor en 1982. Además de la docencia, ha trabajado en diversas editoriales como editor y corrector de textos.

Ha publicado seis libros: Divina herejía (poemario), Terminal (poemario), 101 adivinanzas chilenas para niños y niñas (Editorial Catalonia), 101 adivinanzas universales para niños y niñas (Editorial Catalonia), 101 haikús para niños y niñas (Editorial Catalonia), Los pueblos de la memoria (narrativa testimonial, publicación financiada por la I. Municipalidad de Montepatria, Chile).

Ha obtenido primeros lugares y menciones honrosas en diversos concursos internacionales de narrativa y poesía (Argentina, Paraguay, Perú, México, Uruguay, Venezuela, Colombia, Australia, entre otros).

 

 

Bestia profunda

 

                      Aún mis días son restos de enormes muebles viejos.
                                                                                Pablo de Rokha

 

En esta hora de serpientes acechando
mis noches son cantos de espantapájaros

No veo la salida a la cumbre de mis salvaciones
solo esta esperanza venenosa

Muevo mi esqueleto hacia las tumbas recién inauguradas
y encierro mi cadáver en las mazmorras del olvido

Cubro mis oídos con arena, pero un agua turbia se cuela
por sus ínfimos rincones y puedo escuchar al mar agonizante

No soy capaz de levantarme de este lecho
y de salir al mundo con su tumulto desquiciado

Me sumo en el abismo de mis tristezas
en la cueva mortal de mis culpas
y canto una misa destemplada a la muerte
que se niega a abandonarme

Mi cuerpo cataléptico yace entre mandrágoras y estiércol
mi voz grita muda a una bestia inexistente
y mi piel se deshoja sin sentido ni cura

 

Gólgota

 

me escupen y me escupen
me encierran en el clóset
de la sala de clases del colegio católico
Me pegan
me pegan al pasar
y vuelven a escupir sobre mi sangre negra
Paso por las catorce estaciones
de la muerte
soy crucificado
medio muerto
y enterrado en el patio
pero no resucito
no resucito
mis carnes se corrompen
mis huesos se corroen
mis ojos se van hacia adentro
“¡Sepulcros blanqueados!”, les grito
pero nadie me escucha
nadie me escucha
porque ya no tengo voz ni boca ni laringe
nadie me escucha en esta puta penumbra
de este puto atardecer
y todos se burlan
de mi cuerpo
mi cuerpo esmirriado, estupefacto
mi cuerpo esquelético, grotesco
pudriéndose en estos pastos
de la cancha de fútbol
del reputado colegio católico.

 

Pájaro invernal

 

Un jilguero abre sus ojos a la aurora
bajo las hojas congeladas de este invierno repentino

Cobija sus crías muertas e intenta alimentarlas
con pequeñas lombrices
pero los pichones no retornan de su tren oscuro
se sumen en la negrura

El ave finalmente agita sus alas
quiebra el canto
y se pierde en un horizonte destemplado

 

El hombre roca

 

A Pablo de Rokha, poeta de la estridencia

Conozco al hombre roca
un toro bravío vociferando su desgracia
una montaña de rebeliones
que claman por la justicia de los pueblos
una boca y una lengua ávidas de cazuelas
humitas longanizas empanadas
para brindar por el universo y agradecer sus placeres

Conozco al hombre roca
que no acepta un no como respuesta
y cuyo quejido llega hasta más allá
de la cordillera de los Andes
que conjura a la luna y desafía eclipses
que vacía su bilis ante los quiebres de la libertad
que ama a su mujer en las luces y en las sombras
que se emborracha de cuecas y sirillas

Conozco al hombre roca
que vende sus escritos escatológicos
a punta de insultos, patadas y puñetes
que ama a las mujeres ariscas y tozudas
bellas en sus formas y duras de rostro
que adora ídolos utópicos
derrumbados por la avaricia de los poderosos
que acaricia a sus hijos con manos descomunales y callosas
pero con la ternura de un potro solitario recién parido

Al hombre que calza su gorra su abrigo sus anteojos
con elegancia pueblerina de pobre soberbio
que me canta de ultratumba
una melodía destemplada
invitándome a descubrir toda la aspereza
de las cosas de este mundo
para pulirlas con la más irrestricta vocación
de militante de la vida
la única que tenemos y que no se repetirá
en las oscuras dimensiones del olvido

 

 (Fuente: Buenos Aires Poetry)

 


 

Aurora Luque (España, 1962)

 

 

UN POEMA DE AURORA LUQUE EN AÑOS DE TRECE MESES TRECE AUTORAS DE LA POESÍA ACTUAL EN LENGUA ESPAÑOLA

 





Alsinas



Amo estos autobuses, las alsinas, Alsinas Graells Sur.

Mis amigos poetas, que adoran mucho el tren

aunque viajan en coche casi siempre,

consideran exótica mi opción.

No las estimo porque

ya circularan en mi infancia. Amo el tiempo que en ellas

me espera por perder. Me gusta la pobreza

de su palco elevado,

las cortinillas rígidas de sol, la perspectiva dad

por las curvas enésimas. Me gusta mi abandono.

Incluso amo su olor. Huelen como debió de oler, supongo,

la humildad obligada de los exploradores,

huelen como el fular

del penúltimo hippy de este mundo,

huelen a japonesas estudiantes,

a pulcros pensionistas muy enjutos.

Recuerdo que unos chicos de Marruecos

se descalzaron venían muy cansados

en una contorsión de baobabs

y una joven de piel de chocolate,

con medias de panal, merendó un huevo duro

a lo Robert de Niro, diablesca,

y colocó en la rejilla del asiento

con mucha parsimonia

su craquelada cáscara.


Se adentran como rojas lombrices pertinaces

en las profundas plazas de los pueblos,

bordean cien barrancos, bordean deslumbrantes

marejadas de plástico tensado,

la línea de las playas para pobres,

almendrales, pinares, viñas nuevas,

cortijadas ariscas, ramblas desoladoras,

desiertos sin glamour goytisoliano

y aldeas no encontrables

por ningún talentoso anglosajón.


Con su mucosidad de gasolinas

va tosiendo el motor. Esta nave nodriza

tan bronca y nauseabunda

nos acaba acunando como a enormes bebés.

Nuestro viaje contiene cáscaras de aventura,

nanas para mayores, semisueños no escritos,

fábulas de segunda.

Por eso amo estos rojos

autobuses, las alsinas del sur.

Viajan los argonautas (sus bisnietos)

de incógnito en sus rutas, y el camino parece

todavía un camino.




Aurora Luque

en

Años de Trece Meses


13 autoras de la poesía actual en lengua española.

Piedad Bonnett, Isla Correyero, Blanca Andreú, Maite Pérez Larumbe, Aurora Luque, Asunción Escribano, Isabel Bono, Luisa Castro, Pilar Adón, Raquel Lanseros, Ioana Gruia, Berta García Faet, Rosa Barbel


Compilación de Francisco Javier Irazoki


Demipage

 

(Fuente: Papeles de Pablo Müller) 

 

Aleksandar Vutimski (Bulgaria, 1919-1943)

 

 

"Poemas al muchacho azul 1"

 

 


 
 
 
 
El muchacho de plata,
aquél de las boinas azules y las charreteras
resultó ser un sueño.
Que me halle hablando con gatos y estrellas
posiblemente al ron se deba.

Yo no he vivido en un patio entre árboles
bajo nubes y anaranjados atardeceres.
Para el muchacho de plata cogí yo el retrato
del negro del calendario francés.

Borrachos y dorados ángeles he anhelado.
No ha llovido, pero la lluvia yo he oído.
En la oscuridad atardeceres yo he presenciado
y no son manos lo que he besado, sino farolas...

Desde el azul yo mismo he contemplado
labios y ojos imaginarios
tazas vacías, lágrimas y bailes...
He estado ebrio y entiendo que he estado loco.

Ya no te espero... ¿Marcharás tú junto al sol
que se escabulle?
Acaso de nuevo desaparecerás tú
sin llamas, sin sangre ni lágrimas...
Viaja, fúndete en el crepúsculo, saluda a la lluvia.

No soy yo quien te beso, no soy yo el que llora, ni siquiera quien sonríe.
...Me temo que solo has sido un ángel imaginario.
Y tú te eclipsas.

Pero el muchacho azul no ha sido
el muchacho del gorro azul y plata
con ojos de baile sureño,
aquél ebrio muchacho que de lejos susurraba: Sasha.
                                               Y esta noche
...Ay, la vieja farola me llevaba a la iglesia
                         bajo el horizonte nocturno.
Cúpulas de niebla, luna e invierno.
Yo también he caído en la nieve
bajo dos fríos y mudos ojos.
¡Policía!
Sálveme de mis recuerdos.
¡Policía!
Haz que el día tenga lugar...
                             Pero no voy a llorar...

Es posible que el muchacho azul no haya existido.
 
 

Aleksandar Vutimski, incluido en Vallejo & Co. (23 de enero de 2020, Perú, trad. de Marco Vidal).
 
 
(Fuente: Asamblea de palabras) 


 

Hernán La Greca (Buenos Aires, 1968)

 

 

Flecha verde

No tengo don, carezco de toda
habilidad, mi arte -se sabe-
es disciplina. Nada me ha tocado.
Del amor no obtuve sino el vano
trébol de la tierra; y del mar,
el caracol fallado.

No soy como los otros. Ni alado
ni dueño de esa fuerza que viene
no sé de dónde. Soy
arquero. Un vestido, un corazón,
una manzana. Mi arma atraviesa
las pequeñas cosas del mundo.

Soy el que al caer la tarde
se interna en el bosque encantado,
toca la áspera madera de los pinos y cruza,
con el frío acero de la flecha,
los nombres encerrados
en el corazón de la corteza.

Es de noche. Está todo oscuro. Mis flechas
han perdido el rumbo. Llevo

la última en la espalda. Tenso el arco, el canto
de la cuerda en el oído. No se oye nada. Sólo
las crujientes hojas del bosque, el batir
extraordinario de unas alas. Ya se ha ido. Ya
avanza por la noche, por el brillante día, la flecha
que no tiene blanco.


                                  (selección de Marcelo D. Díaz)

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(Fuente: Ezequiel Zaidenwerg Dib)