LA LUCHA DE TU VIDA
¿Recuerdas, Julio, aquella tarde de verano?
Tienes siete años y caminas por la calle húmeda de lluvia.
Gotean las calaminas de las casas de tablas.
Los árboles de los huertos sueltan ráfagas de lluvia
movidos por la brisa del Amazonas.
En el fondo de la calle una cordillera de nubes.
Llegas al barrio popular.
En la media luz de las calles de hierba distingues
la gente: sus ademanes reposados, sus voces sosegadas.
Una risa confiada te acarició el corazón.
Bajo un alero de palma te sentaste y lloraste quedo
un largo rato, al no poder quedarte...
Aunque no sospechabas aún que ese quedarte
el afán de allí quedarte
sería la lucha de tu vida
EL OTRO UNIVERSO
J’ai l’envie d’ habitar chez vous
S.J. Perse
Se avecinaban las lluvias. Con mi carga de remoto dolor
y de esperanza —puras como el agua de nieve fundida—
tomé el sendero que dejaba la ciudad. En la más lejana
montaña —más allá de la cual se presiente otro universo—
serenas yacían la nieve y las sementeras. Mis esperanzas
quemaban como el fuego de los valles profundos. Llegué
sudoroso y dije: “Tengo el deseo de vivir entre vosotros”
Las sonrisas no fueron menos cálidas que los sueños.
Y se precipitó la primera lluvia de la temporada
LAS CAPIRONAS
Me tendí una tarde de vacaciones
a orillas del vasto río, entre los gramalotes.
Era tiempo de lluvias. Crecido, turbio y sombrío
bajaba el Marañón, cargado de espuma y animales muertos.
En medio de las aguas un islote resplandecía
bajo la luz estival, con sus miles de lozanas capironas.
Pero el gran río lamía obsesivamente sus bordes;
olas coronadas de espuma lo azotaban.
En el aire blancas aves zancudas piaban agitadas.
Mas la selva estaba extrañamente callada.
Con mis apenas siete años yo presentí
algo grave y también callé, sobrecogido.
De pronto un estruendo estremeció la soleada tarde:
el Marañón desbarataba el islote
devorándolo implacable.
Las enhiestas capironas sucumbían estoicas,
y ya muertas, con sus tallos robustos,
sus lozanas hojas y sus flores, eran arrastradas
resplandeciendo en la luz.
El piar de las aves se había vuelto chillidos
impotentes por sus nidos en las capironas,
que como muertos venerables flotaban en las turbias aguas
entre animales pútridos, la espuma y
el grito de los pájaros.
El vasto río fluía raudo hacia el mar
LA INSONDABLE NOCHE
Me preguntan por qué habito la verde montaña.
Sonriente, me callo, tranquilo el corazón.
Cuando las flores caigan, cuando el agua pase,
mi universo ya no será el de los hombres
Li Po
Algunos amigos urbanos (“varones áticos, elocuentes
y urbanos”) se consternan de que yo haya vivido
tantos años en una remota aldea. Y me inquieren.
Pero es imposible expresar la dicha de manejar el azadón
entre doscientos braceros en una faena comunal.
El brío del universo en tu cuerpo húmedo.
Las bromas cristalinas del almuerzo bajo el azur
y el aroma de los montes en la gélida brisa.
Nuevamente el fuego del cosmos con el azadón en tus manos.
Y más tarde el retorno en el sosiego del ocaso
(en la intensa y dolorosa paz que precede a la noche
en una aldea). La insondable noche
bajo las estrellas y la vigilia de los montes.
Y los sueños con los montes de antaño.
Por eso yo no respondo a esos amigos; sonrío,
me hago el desentendido y les hablo de los mares,
los puertos, los navíos
MADRIGAL PARA EUDOXIA DALILA
No puedes volver a tu pueblo
gozar del sol de la montaña
de su cielo cristalino
conversar en quechua con las comadres al atardecer
en el corazón de la inaccesible cordillera.
Nuestra casa destruida por los gansos
salvajes, el pueblo ocupado por los gansos
que están devastándolo por entero
según cuentan en sus cartas los compadres
(que el cementerio ha quedado chico
y en la noche nadie duerme por el miedo).
Es imposible ir. No puedes ir
y sin embargo estás contenta:
también las cartas dicen que a veces bajo la luna
el pueblo se llena de truenos y relámpagos
y de sonrisas se colman las habitaciones sombrías
El otro universo (1994)
Lima: Arteidea editores, 1994, pp. 9, 11, 17, 19 y 30
(Fuente: Óscar Limache)
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