PROFESIÓN DE FE
.
No hay angustia mayor que la de luchar envuelto
en la tela que rodea
la tormenta.
Además,
están ahí las moscas,
veloces en su ociosidad,
buscando la sabor adulterina
y dale y dale vueltas
frente a las aberturas del rostro más entregado
a su verdadera cualidad.
El forcejeo con la tela obstructiva
se repliega en las cuevas comunicantes
del corazón
o dentro de la glándula de veneno
del entrecejo
cuyos tabiques son
verticales al Fuego
y horizontales al Éter.
Y la poesía, el dolor más antiguo de la Tierra,
bebe en los huecos del costado de San Sebastián
el sol vasomotor
abierto por las flechas.
Pero la voluntad del poema embiste
aquí
y
allá
la Tela
y elige, a oscuras aún, los objetos sonoros,
las riñas de alas,
los abalorios que pululan en la boca
del cántaro.
Pero la tela se encoje y ninguna práctica
es capaz de renovar
la agonía creadora del delfín.
El pez sólo puede salvarse en el relámpago.
.
De: «𝘗𝘰𝘦𝘴í𝘢 𝘥𝘦𝘭 𝘨𝘳𝘢𝘯 𝘵𝘰𝘥𝘰 𝘦𝘯 𝘱𝘰𝘭𝘷𝘰» (1967)
(Fuente: Grover González Gallardo Poesía)

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