NO SOMOS MÁS...
... que una envoltura de piel en torno al aire, con músculos tensos
contra la mortalidad. Dormimos en un polvo de eternos reproches a
nosotros mismos. Llenos hasta la garganta de los nombres con que
hemos bautizado a la desdicha. La vida: las praderas en que la vida
recoge y rumia el alimento que nutre nuestra desesperación. La vida:
el permiso de conocer la muerte. Hemos sido creados para que la tierra
para que el cuerpo pueda ser tan querido que hasta la tierra misma
pueda rugir de goce con él. Sí: nosotros, que estamos llenos hasta la
garganta de desdicha, deberíamos mirar con atención a nuestro alrededor, dudando de todo lo que vemos, de todo lo que se hace y se dice,
precisamente porque conocemos el nombre de todo ello, pero no su
alquimia...
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en "El bosque de la noche", prólogo de T. S. Eliot, Monte Ávila Editores, Caracas, 1969. Traducción de Enrique Pezzoni. En la imagen, Djuna Barnes (Cornwall-on-Hudson, EE.UU., 1892-Nueva York, EE.UU., 1982) por Berenice Abbott, 1957 (University of Maryland).
(Fuente: Jonio González)
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