martes, 15 de julio de 2025

Simone Weil (París, 3 de febrero de 1909 - Ashford, Kent, Inglaterra, 24 de agosto de 1943)

 

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La puerta 

 

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El ciclo de los días en el cielo desierto
que gira en el silencio de miradas mortales;
la boca abierta aquí, tragando sin cesar tantos gritos 
de súplica, tantos gritos crueles.
 
Todos los astros bailan lentamente su danza, única danza 
fija, mudo estallido en Io alto,
sin forma mal que pese, sin nombre, cadencia, perfectos 
en exceso, sin mácula ninguna.
 
Bajo ellos suspendidos, nuestra ira nada vale.
Pues nos rompéis el alma, calmadnos nuestra sed.
De quejas y deseos su ciclo nos arrastra; fueron nuestros 
maestros brillantes siempre airosos.
 
Cadenas de luz para que lastimáis
los cuerpos.
Clavados sin escándalo en un punto
del Norte,
con el alma desnuda, a toda herida
expuesta,
hasta morir queremos prestaros obediencia.
 
Abridnos ya las puertas, dejadnos ver
los huertos,
Y beber su agua fresca marcada por luna.
Rival del forastero, la larga senda quema.
Vagamos sin saber, sin encontrar un sitio.
 
Queremos ver las flores.
La sed nos hecho presa.
Ante la puerta estamos, expectantes
y heridos.
A golpes la echaremos abajo si hace falta.
Pero la puerta es firme, no cede
a nuestro empuje.
 
Tendremos que esperar, mirarla inútilmente.
La puerta está cerrada con aire inconquistable.
Miramos fijamente, llorando en la tortura; aplastados la vemos por el peso del tiempo.
 
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(Traducción: Adela Muñoz Fernández)
 


(Fuente: Grover González Gallardo Poesía)

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