ANTES DE ESCALAR LA MONTAÑA ÁRIDA
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En el saludo del Principe Fu respiran 72 generaciones. En el canto
del colibri, toda la alegría del Emperador del Cielo.
No en vano mi humilde canto provoca
una brisa húmeda a mis siete cuerdas.
Su nostalgia aclara el rostro cansado de las cantantes. En las tabernas quemé incienso por la amistad entre los hombres.
Los árboles que vi en mi niñez ya son bosques floridos en las colinas de Jiangsu.
Hace 50 años había ocho mil bailarinas en la corte del emperador.
La que hoy danza mis poemas vive en la corte del Emperador del Cielo.
Se prosterna a los pies del Príncipe Fu.
Ante ella las flautas se silencian.
Las palabras son nubes que flotan.
Mis poemas en sus labios parecen ser
el brazo del Príncipe Yi.
Para un letrado cansado y enfermo como yo sólo le queda subir
lentamente la montaña árida.
Volver al reino de los diez soles triunfantes.
Saber que la música de sus siete cuerdas
son una nota ligera en el saludo del Principe Fu.
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De: «𝘉𝘢𝘭𝘢𝘥𝘢 𝘥𝘦 𝘭𝘢 𝘳𝘪𝘣𝘦𝘳𝘢 𝘥𝘦 𝘭𝘰𝘴 𝘴𝘢𝘶𝘤𝘦𝘴»
(2023)
(Fuente: Grover González Gallardo Poesía)
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