Azar
Los seres a los que amo son criaturas. Han nacido del azar. También mi encuentro con ellos es un azar. Morirán. Lo que piensan, lo que sienten y lo que hacen está limitado y es mezcla de bien y de mal.
Saber esto mismo con toda el alma, y no por ello dejar de amarlos.
Imitar a Dios, que ama infinitamente a las cosas finitas en cuanto cosas finitas.
Querríamos
que todo lo que tiene un valor fuera eterno. Mas todo lo que tiene un
valor es fruto de un encuentro, dura lo que el encuentro, y cesa una vez
se separa lo que se había reunido en el encuentro. Ésa es la idea
central del budismo (idea heraclitiana). Conduce directamente a Dios.
La
meditación sobre el azar que propició el encuentro de mi padre y mi
madre es todavía más salutífera que la meditación sobre la muerte.
¿Existe
algo en mí que no tenga su origen en ese encuentro? Sólo Dios. Pero
incluso mi idea de Dios tiene su origen en ese encuentro.
Estrellas
y árboles frutales en flor. La completa permanencia y la extrema
fragilidad proporcionan por igual el sentimiento de la eternidad.
Las
teorías acerca del progreso y del «genio que siempre acaba apareciendo»
provienen del hecho de que resulta insoportable imaginarse que lo más
valioso del mundo esté supeditado al azar. Precisamente por ser
insoportable, debe tenerse en cuenta.
La creación es eso mismo.
El único bien que no está sujeto al azar es el que está fuera del mundo.
Esa vulnerabilidad de las cosas valiosas es hermosa porque la vulnerabilidad es una marca de existencia.
Destrucción
de Troya. Caída de pétalos de árboles frutales en flor. Saber que lo
más valioso no está enraizado en la existencia. Es hermoso. ¿Por qué?
Proyecta al alma fuera del tiempo.
La
mujer que desea un hijo blanco como la nieve, y rojo como la sangre, y
lo consigue, pero muere, y el niño queda en manos de una madrastra.
En La gravedad y la gracia
(Fuente: Biblioteca Ignoria)

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