David:
La sinagoga mete su calva de fruta
palaciega en las estrellas.
En el jardín, el guijarro faja el estanque
rompiendo el agua,
relámpagos, ojos ciegos.
Duplicidad destrabándose llena de
círculos y guarismos,
desflorándose
de blandas oraciones y tules.
Siento en el hueco de mi mano la
famosa piedra de bordes mellados,
el arma destinada como un tercer ojo a
la frente de Goliath,
levitando y levitando
lo que sea que duren estos pasos de
araña en el azogue del estanque.
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