Si estás en la lobera, sal y reconoce al cordero de Dios
que quita los pecados del mundo. Ten piedad de ti y,
antes de suicidarte, pon las cosas en su sitio, desarma
tu pensamiento e injuríate en todos los idiomas. Sólo así
tendrás la certeza de que la vida puede ser un milagro
con el mismo final siempre y que volverán los que se fueron
antes de lo que prevees. Si estás en la lobera, reconoce a
Rémulo y a su hermano y vete a ver si el paraíso existe o es
un cuento chino para que los animales se acompañen y las
alimañas escriban. Si estás en la lobera, aprovéchate de la
única ventaja que existe en este mundo y no dejes de ser
salvaje ni siquiera después de muerto. Sólo lo salvaje está
vivo.
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