NIEVE NOCTURNA
.
¿Es que puede existir algo antes de la nieve?
Antes de esa pureza implacable,
que no amamos, pero al cual pertenecemos
y que se adivina en ese sonido
todavía hermano del silencio.
¿Qué dedos te dejan caer,
pulverizado esqueleto de pétalos?
Ceniza de un cielo antiguo
que hace quedar sólo frente al fuego
escuchando los pasos del amigo que se fué,
eco de palabras que no recordamos,
pero que nos duelen, como si las fuéramos
a decir de nuevo.
¿Y puede existir algo después de la nieve?
Algo después
de la última mirada del ciego a la palidez
del sol,
algo después
que el niño enfermo olvida mirar la nueva mañana,
o mejor aún, después de haber dormido
como un convaleciente
con la cabeza sobre la falda
de aquella a quien alguna vez se ama.
¿Quién eres, nieve nocturna,
fugaz, disuelta primavera que sobrevive
en el cerezo?
¿O qué importa quién eres?
Para mirar la nieve en la noche hay que cerrar los ojos,
no recordar nada, no preguntar nada,
desaparecer, deslizarse como ella en el visible silencio.
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De: «𝘗𝘢𝘳𝘢 á𝘯𝘨𝘦𝘭𝘦𝘴 𝘺 𝘨𝘰𝘳𝘳𝘪𝘰𝘯𝘦𝘴» (1956)
Jorge Octavio Teillier Sandoval fue un poeta chileno 
(Fuente: Grover González Gallardo Poesía)
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