
Todo me condujo hasta aquí
Policía de mí mismo, lamiendo como un perro
escombros de ideología, los últimos destellos
de melodía y afirmación: ahora un aullido
me basta para saberme acusado.
He aquí mi cuello
a punto de ser entregado a la negra pandilla
que avanza en el corredor. Una puerta que estalla
en el nervio principal y hay disparos y destripan
el costado soñador de toda cosa fluida y sana
y entre dos parpadeos me es revelada
la naturaleza bestial del universo.
Todo centro se destruye, desde el ayer
nos llega una mentira descompuesta;
ningún sentido en la infección
que comenzó a lo lejos, cuando mi juventud
era una razón que parecía decaer y me asaltaba
un anhelo de oscuridad en la cabeza. Sólo vergüenza
en la voluntad de lo viviente. Y gotas de sangre
en el umbral: allí, donde el desorden de la historia
incuba un tumor de hierro y esta derrota
de objetos violados a mi alrededor.
*****
(Fuente: Daniel Rafalovich)
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