¿Qué compraremos con
¿La comida del día?
¿La piedra centinela,
la que crece o decrece
en el ritmo respiratorio de los milenios?
¿La piedra oscura de los sacrificios y las ofrendas,
ahí mismo,
donde las hembras
vamos
a
parir?
¿Donde las criaturas respiran
por primera vez,
y se acuñan
sus monedas de sangre?
¿Sus escasas o pródigas,
monedas?
¿Su escarchada o sedienta o entregada,
sangre?
¿Cuántas más?
¿Cuántas monedas de sangre vieja o recién nacida
ofreceremos
a la fuente de los deseos,
al pozo de los cadáveres dormidos?
¿Qué vas a comprar hoy
con tus monedas de sangre?
¿Algo?
¿Nada?
¿Las vas a guardar en las cajas de ahorro
del infierno?
¿Las vas a dejar tiradas en el patio,
olvidadas,
como si fueran un niño o un perro,
para que se disuelvan,
sí, sí,
en lo rojo del atardecer?
(Fuente: Daniel Edgardo Petasne)
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