domingo, 9 de noviembre de 2025

Rosalía de Castro (Santiago de Compostela, España, 1837-Padrón, España, 1885)

 

 

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DICEN QUE NO HABLAN LAS PLANTAS...

 

Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros,
ni el onda * con sus rumores, ni con su brillo los astros,
lo dicen, pero no es cierto, pues siempre cuando yo paso
de mí murmuran y exclaman:
-Ahí va la loca soñando
con la eterna primavera de la vida y de los campos,
y ya bien pronto, bien pronto, tendrá los cabellos canos,
y ve temblando, aterida, que cubre la escarcha el prado.
 
Hay canas en mi cabeza, hay en los prados escarcha,
mas yo prosigo soñando, pobre, incurable sonámbula,
con la eterna primavera de mi vida que se apaga
y la perenne frescura de los campos y las almas,
aunque los unos se agostan y aunque las otras se abrasan.
 
Astros y fuentes y flores, no murmuréis de mis sueños,
sin ellos, ¿cómo admiraros ni cómo vivir sin ellos?
 
 
 
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en "En las orillas del Sar" (1884), Xesús Alonso Montero, ed., Cátedra, Madrid, 1985. Versión en gallego de la propia autora en "Follas novas" (1880), Teresa Bermúdez, ed., Galaxia, Vigo, 2002. En la imagen, Rosalía de Castro (Santiago de Compostela, España, 1837-Padrón, España, 1885 / Eroica Fenice)
 
* Sic. "El quiasmo del verso 2 (ni el onda con sus rumores, ni con su brillo los astros'), muy elíptico, al suprimir el verbo previsible, aporta una imagen de extensión total, pues afecta a todo el mundo sensorial (oído y vista, en este caso), el cual a veces pasa desapercibido. Conviene recordar que la palabra onda' sólo existe en femenino; aquí Rosalía de Castro se permitió una licencia poética bastante extrema." Simón Valcárcel Martínez en leeryescribir.wordpress 
 
 
 
 
 
Din que non falan as plantas, nin as fontes, nin os paxaros,
nin a onda cos seus rumores, nin co seu brillo os astros,
dino, pero non é certo, pois sempre cando eu paso,
de min murmuran e exclaman:
-Aí vai a tola soñando
coa eterna primavera da vida e dos campos,
e xa ben pronto, ben pronto, terá os cabelos canos,
e ve tremendo, atericida, que cobre a xeada o prado.
 
Hai canas na miña cabeza, hai nos prados xeada,
mais eu prosigo soñando, pobre, incurable somnámbula,
coa eterna primavera da vida que se apaga
e a perenne frescura dos campos e as almas,
aínda que os uns esgótanse e aínda que as outras se abrasan.
 
Astros e fontes e flores, non murmuredes dos meus soños,
sen eles, como admirarvos nin como vivir sen eles?
 

 

(Fuente: Jonio González) 

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