¡NO PASARÁN!
Como pájaros ciegos, prisioneros,
como temblantes alas detenidas
o cánticos sujetos,
hasta la luz aguda de los ojos
y el desgarrado gesto de la boca,
los latidos febriles de la sangre,
petrificada ya, e irrevocable:
No pasarán.
Como la seca espera de un revólver
o el silencio que precede a los partos
escuchamos el grito;
habita en las entrañas,
se detiene en el pulso,
asciende de las venas a los labios:
No pasarán.
Yo veo las manos frutos
y los vientres feraces,
oponiendo a las balas
su ternura caliente y su ceguera.
Yo veo los cuellos naves
y los pechos océanos
naciendo de las plazas y los campos
en reflujos de sangre respirada,
en poderosos vahos,
chocando ante las cruces y el destino
en marejadas lentas y terribles:
No pasarán.
Hay una joven mano contraída,
un latir de paloma endurecido
y labios implacables
cerrados a los besos.
......................................
No, jamás podrán pasar.
De todas las orillas del planeta,
en todos los idiomas de los hombres,
un tenso cinturón de voluntades
os piden que no pasen.
En todas las ciudades,
coléricos y tiernos,
los hombres gritan, lloran por vosotros.
No pasarán.
Amigos, camaradas,
que no roce la muerte en otros labios,
que otros árboles dulces no se sequen,
que otros tiernos latidos no se apaguen,
que no pasen, hermanos.
Detened a la muerte.
A esos muros siniestros, sanguinarios,
oponed otros muros,
reconquistad la vida detenida,
el correr de los ríos paralizados,
el crecer de los campos prisioneros,
reconquistad a España de la muerte.
No pasarán.
¡Cómo llena ese grito todo el aire
y lo vuelve una eléctrica muralla!
Detened al terror y a las mazmorras,
para que crezca, joven, en España,
la vida verdadera,
la sangre jubilosa,
la ternura feraz del mundo libre.
¡Detened a la muerte, camarada!
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en "¡No pasarán!", Simbad, México D. F., 1936
(Fuente: Jonio González)
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