Marido es la palabra más hermosa
En ese calor tremendo nos hicimos un festín. El aceite dorado de especias, el susurro travieso, diluyéndose, de la sartén nos recordaba viejas quemaduras. Sabor a carne tibia. Umami. Qué rico estaba. De tus dedos, la sal era una bendición. Me tuve que sacar la camisa. Para sacarte el cuchillo de la mano. Ojalá hubiéramos tenido borgoña. Estábamos atrapados en una especie de silencio. Cuando terminó la canción, empezó a sonar de vuelta.
Traducción de Ezequiel Zaidenwerg Dib
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