viernes, 14 de noviembre de 2025

Julio de la Vega (Puerto Suárez, Santa Cruz, Bolivia, 4 de marzo de 1924 – La Paz, 11 de noviembre del 2010)

 

 

Puede ser una imagen de una o varias personas 

 

 

Rapsodia y mordedura del maldito 

 

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Pudimos ser una misma soga,
una misma corbata de emoción pudimos ser.
Pudimos ser:
porque cuando aparecieron tus ojos
como flechas señalaban mi camino
y tu cabello flotaba llamándome
con su alfabeto de banderas…
Pudimos ser:
porque en tu piel yo vi mi nombre
y la estatua de mi destino tatuada allí;
y vi cómo tu boca hablaba para mí
y vi cómo tus dientes
eran blancas teclas para mi música.
Pudimos ser un mismo horizonte
porque en los anchos paisajes de tu frente,
yo miré adentro de ti y vi mi urgencia
y tus nervios como cables rotos…
Pudimos ser una misma ternura
porque tus manos eran pétalos
y era rocío tu cintura…
Pudimos ser un mismo manantial
porque en las playas de tus muslos
me llamaba la arena
y mis desesperados barcos
echaban anclas a lo largo de tu cuerpo…
Pudimos ser un único jardín,
porque en tus ojos había flores de llanto
y era tu pupila un pálido clavel…
Pudimos ser:
porque abrazados en la noche
nos unía una misma y apasionante lágrima,
y la cruz la arrastrábamos nosotros
ayudándonos a la manera de empujar montañas…
Pudimos ser una misma cadena
porque en las muñecas abrasadas
teníamos la misma marca
y éramos un mutuo carbón para la misma hoguera
y éramos una misma sal para la lágrima gigante
que nos rodeaba como un océano inmenso
y tu latido tenía que ser yo
y mi latido tenía que ser tú
como una orquesta en un aire para violines gemelos
como si fuéramos un mismo patético compás…
Pudimos ser:
pero a veces lleva el hombre tigres dentro,
lleva cuchillos para matar
y con espinas rasga rosas
y por las venas corren barcas con guerreros primitivos
y el ancestro de bestias olvidadas despierta como un clarín
y se yergue multiplicándose;
y la poesía entonces ya no es canto,
ya no es clavel ni lluvia en los tejados;
la poesía se hace entonces un ronco mar embistiendo,
llama como un tambor de antigua tribu para raptar mujeres;
entonces el violín sólo es serpiente
y en el hombre florecen fauces
y le nacen filos por todos los costados
y el fango lo maquilla
y lo viste con un smoking para morder…
Pudimos ser:
pero el hombre en un instante borra días
y se parece a Dios en destrozar el tiempo
y el futuro con puertas se vuelve reja para siempre
con pesados cerrojos sin escapatoria.
Pudimos ser:
pero a veces la seda para el hombre no es suave
y la destroza con puñales
y el alcohol le ayuda desde un vaso
que proporciona infames batallones;
y entonces el hombre no puede llamarse Beethoven
y se vuelve un cordel desesperado…
Pudimos ser:
y ahora existe sólo una noche en mí,
un instante muerto y apagado,
y cabellos como trigo ante el granizo
y una boca implorando y reprochando
y delicadas manos que golpean
y aparece un telón fin de función de cine proletario
y una noche final en la que grita
un remordimiento como eterno ladrido.
 
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De: «𝘈𝘮𝘱𝘭𝘪𝘧𝘪𝘤𝘢𝘤𝘪ó𝘯 𝘵𝘦𝘮á𝘵𝘪𝘤𝘢» (1957)
Julio de la Vega Rodríguez fue un poeta boliviano 🇧🇴

 (Fuente: Grover González Gallardo Poesía)

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