Nada más que dos patios linderos, y su sombra.
aquí en el corazón de la manzana,
ya apagado el ocaso todavía
crepitan las chicharras. Es la voz del Verano.
Gratitud al frescor de la tierra regada,
al gran río del cielo,
a este moroso vino que ofrendo a las luciérnagas.
Fortuna de los patios, así sean
los más humildes. Limpio privilegio
de la noche del Sur.
** Poema del libro "Para los días que vendrán" (2016, Ediciones Pitanguá).
*** Fotografía: Juan Pablo Morisoli, gentileza.
(Fuente: Augusto Munaro)
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