𝗘𝗹 𝘀𝗼𝗻𝗲𝘁𝗼 𝗱𝗲 𝗹𝗼𝘀 𝗾𝘂𝗶𝗻𝗰𝗲 𝘃𝗲𝗿𝘀𝗼𝘀
Yo amo el alba descalza que a tomillo trasciende,
los collados violeta que un pálido sol dora,
la abierta celosía que aspira y avizora
esa fresca fragancia que del jardín asciende:
la plaza de la aldea en dominguero gozo
y la rosada vaca al borde del remanso;
la novia de los dientes de perlas y el descanso
de un mirar inocente o de un florido allozo.
Más gusto, sin embargo, de algún alma abatida
en la sombra, del bosque y de su húmedo aroma,
del tintinear bucólico por la selva perdida,
del claro de la luna que entre encajes asoma,
de una pupila triste y de una mano leve
que se abate; y prefiero sobre toda medida
esa voz que quisiera llorar y no se atreve…
[Traducción de Andrés Sobejano.]
¿QUIÉN FUE ALBERT SAMAIN?
𝑺𝒂𝒎𝒂𝒊𝒏 𝒅𝒊𝒓í𝒂 𝒆𝒍 𝒂𝒊𝒓𝒆 𝒆𝒔 𝒒𝒖𝒊𝒆𝒕𝒐 𝒚 𝒅𝒆 𝒖𝒏𝒂 𝒄𝒐𝒏𝒕𝒆𝒏𝒊𝒅𝒂 𝒕𝒓𝒊𝒔𝒕𝒆𝒛𝒂.
Es
significativo porque, comparativamente, son pocos los poetas nombrados
por el vate mayor en su poesía. Años después, encontré el mismo nombre
en un texto de Eguren. Allí cuenta el poeta barranquino que un libro de
Jean Lorraine está epigrafiado por unos versos melancólicos de Samain.
Vale la pena recordar, entonces, quién es este poeta. Algunos estudiosos
afirman que fue un epígono de Baudelaire que se dejaba ver en los
círculos literarios de París a principios del siglo veinte. Escribía
poemas elegíacos tristes, con modulaciones evocativas. Se atribuye a
Samain la invención de un soneto de quince versos.
Murió
apenas a los 42 años, de tuberculosis. Tuvo cierta influencia en poetas
españoles y en algunos franceses postsimbolistas. Citamos el soneto
aludido:
(Fuente: Lab De Poesía)
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