La niñez
no fue un Shopping,
una hamburguesa,
una Coca, pochoclo
y papas Lay´s;
no fueron caprichos,
juguetes nuevos
y desechables;
fue
harapos, alpargatas,
rompevientos tejidos
por mi vieja,
un helado cada cinco meses,
no hubo Reyes, ni cumples,
ni regalos sorpresa
que iban al cajón de los olvidos
dos horas después,
ni Días del Niño,
de la Mascota,
del Zapato Charolado,
del Moñito para la Comunión,
y mil más;
fue
trabajo a la mañana,
escuela a la tarde,
bocado mezquino,
una latita inolvidable
de leche condensada
que robé en la Despensa "Tomasito",
un burro apaleado
que moría de a poco
comido por los gusanos,
los tábanos y las moscas,
varios perros recogidos
del campo,
escopetazos en la noche
que le rajaban la cabeza
al republicano López,
el fugado de España
por traidor
y su colección
de "Patoruzitos"
y "Novedades la Unión Soviética";
fue
un cocodrilo que me acechaba
entre los yuyales y viñas
y nunca mostraba la bocaza,
víboras y sapos,
grillos y cascarudos,
un sol mendocino
que se movía
como un trofeo
en el cielo
y nunca tocaba tierra.
La niñez
fue de otro
tal vez,
mía
acaso;
fue un instrumental
preciso
que avinagraba la risa,
forzaba las alegrías
y nutría la desconfianza.
Y no crean
que me agarro
de torpe pobrismo
para estafar
con emocionalidad
bovina
como tanto
se repite hoy.
No.
Ocurrió y punto.
"The Golden Calf"
Héctor Giuliano
- Inédito -
No hay comentarios:
Publicar un comentario