Cuando caigan los últimos peldaños
de talleres y escuelas, los vitrales
edificios electos, hospitales
las vigas que sostienen nuestros años
más acá de la edad en los rebaños
el trozo de muralla, los cimientos
del faro entre las aguas (roto el brillo)
y en el eco del único bombillo
se partan sin rojez los filamentos
y se encojan las gárgolas de hombros
y desciendan, revienten y las pisen
con indómita sed. Cuando requisen
por hallar la bandera en los escombros
y un daño antropológico…y asombros
ante la flor (jamás ante el desvelo
o penuria del hombre sobre el suelo)
ante la senectud de la belleza
cuando haya que cubrirse la cabeza
bajo el derrumbe súbito del cielo.
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