Ni la estética de la derrota
ni los alucinógenos de la desesperación
Mejor arponear caimanes ciegos
en las cloacas de Nueva York.
Mejor buscar a Céline por los burdeles.
Mejor hundir la cabeza
en los fértiles patatales radiactivos de Ucrania.
Probablemente soy cuarto y mitad de filósofo
un matemático maleado
por caricias y luces que no deben contarse
un traductor de poetas cuya salud más intensa
de lo que toleran las patologías de mi gente
no deja de provocar malentendidos
Vivo en la intersección de fronteras incendiadas
reales imaginarias e imposibles:
catacaldos de mundos con mapas poco fiables
(presbicia profesional del transterrado:
qué bien se ve Castilla desde Prusia
con cuánta claridad Prusia desde Castilla)
Escribo versos y te amo
y pienso sobre todo
en el envés de los días en la hez de los líquidos
en ácidos suburbios mañanas roncas vegas desmanteladas
en lo que destruimos antes de conocerlo
en lo que negándonos nos hace libres
y proyecto
amor mío
una rebelión
que no sería espasmo sino larga caricia.
Con Benjamin y Brecht: no dejar huellas.
(Fuente: Lab De Poesía)
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