Poema a un caballo
Estás muy ido para estar de vuelta y muy volado para ver la tierra. Desesperado por tu dosis diaria, decís que no necesitás más nada que papel para armar y marihuana: ¿cómo me ibas a dar lo que te falta? Me decís que apuntás a lo más alto y reculás ante el menor problema. Alimentás el hueco en tu cabeza. con la humareda de tu porro orgánico. Allá en tu nube es todo más alegre: gracias por todo, te deseo suerte. ¿Para qué espero? Yo mejor me alejo: estás enamorado del espejo. Si te digo: “Me duele el corazón”, “Metáfora barata”, decís vos. No lo vuelvo a decir, tenés razón. Tomar la sopa con el tenedor o manejar un taxi en Nueva York es fácil comparado a hablar con vos. ¿Para qué entonces? Yo mejor me callo: es lo mismo, o tal vez aún peor, que leerle poemas a un caballo. Me decís que apuntás a lo más alto. Ya encontrarás a otra como vos: para cada zapato existe un pie. Yo me despido. Que te vaya bien.
Para Teresita Goyeneche Perezbardi, PedroCarlos Lemus y Fátima Vélez Giraldo.
(Fuente: Ezequiel Zaidenwerg Dib)
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