Seis fragmentos
Sin traductor conocido
EL TEMOR, ORIGEN DE LOS DIOSES
El
temor fue en el mundo el origen de los dioses. Los mortales habían
visto cómo el rayo, cayendo de lo alto de los cielos, echaba a tierra
bajo sus carros llameantes las murallas y encendía las cumbres del
Athos; habían visto cómo Febo, luego de recorrer toda la tierra, volvía
hacia su cuna: habían visto a la luna envejecer y venir a menos y más
tarde reaparecer en todo su esplendor. Y desde entonces se esparcieron
por la sobrehaz de la tierra las imágenes de los dioses.
El
cambio de las estaciones que dividen el año agrandó todavía la
superstición: el labriego, víctima de un grosero error, ofreció las
primicias de su cosecha a Ceres, y coronó a Baco de bermejos racimos:
Palas fue decorado por mano de los pastores; Neptuno tuvo por imperio
toda la extensión de los mares; y Diana reclamó los bosques.
Aquel a quien le liga un voto, y aun aquel que vendió el universo se forjan ahora a porfía dioses propicios a sus deseos.
LA AFLICCIÓN ACERCA A LOS DESVENTURADOS
El
náufrago que escapó desnudo de su sumergida nave busca algún otro,
herido por el mismo golpe, a quien pueda narrar su infortunio.
Aquel
a quien el granizo destruyó la cosecha, fruto de todo un año de labor,
fía sus penas al pecho de un amigo víctima de la misma plaga.
La aflicción acerca a los desventurados.
Los padres que se quedan sin hijos unen sus gemimientos: encorvados sobre la misma tumba, son iguales.
Y,
nosotros también, iguales somos. Los acentos de nuestro dolor suben
confundidos a los astros que según dicen, las oraciones cuando van
juntas, llegan más grandes al oído de los dioses.
APOLO Y BACO
Apolo y Baco, los dos difunden la luz.
Uno y otro fueron creados por las llamas, uno y otro son hijos de esencia ígnea.
Uno y otro lanzan de su cabellera, Apolo con sus rayos, Baco con los pámpanos de que se corona, un calor que nos abrasa.
El uno disipa las tinieblas de la noche, el otro las tinieblas del alma.
LA CIFRA GRABADA EN LA CORTEZA
Allá cuando planté, jóvenes todavía, esos manzanos y esos perales, grabé en su tierna corteza el nombre del objeto de mi fuego.
Desde
el día aquel ya no hay término ni descanso para mi amor, el árbol
crece, mi llama crece y nuevas ramas cubren la huella de las letras.
PRECEPTO DE PRUDENCIA
Tan dañoso es tener mucho oro como carecer completamente de él.
Tan dañoso es atreverse siempre como amedrentarse siempre.
Tan dañoso es callar demasiado como hablar demasiado.
Tan dañoso es tener una querida fuera de casa como una esposa dentro.
Todos reconocen estas verdades: ninguno obra en consecuencia.
REY Y POETA, AVES RARAS
Todos los años hay cónsules y procónsules nuevos; pero no se ve todos los días nacer un rey o un poeta.
(Fuente: Descontexto)
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