A SÍ MISMO, EN LA NOCHE
Y me halle, como ahora,
Con un parvo manojo
De espigas de poemas
Que no sé cuánto valen en el plato
De la incierta balanza
Del tiempo y de lo eterno,
Espíritu, libérame
De la ansiedad de toda recompensa:
Que me halle, como ahora,
Inclinado hacia el surco
De los versos, el ojo
Atento a lo que pasa y lo que queda,
La mano temblorosa
Y fervorosa, abierta
Mientras deja caer
La palabra en la tierra impredecible.
Quiero decir: la vida
Y la obra no valen
Por nada ajeno, sólo
La dicha de vivir y de escribir.
Por eso, cuando llegue
La hora, si es que llega,
Del retiro de invierno,
No haya rencor ni espera del elogio:
Enciende el fuego, prende,
Como ahora, la pipa,
Y piensa aún en la página
Donde arderá tu día ―llama y humo.
[Villa Dolores, 31-VII-16]
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