«El arte como mondadura»
Traducción de Encarna Castejón
Lunes,
Escuela de Arte de Caen. Me habían pedido que explicara por qué la
bondad me parece más importante que la inteligencia o el talento. He
hecho lo que he podido, y no me ha resultado fácil; pero sé que era
verdad. Después he visitado el taller de Rachel Poignant, que utiliza
vaciados de distintas partes de su cuerpo. Me he quedado parado delante
de unas largas correas cubiertas con el vaciado de una de sus tetas (¿la
derecha?, ¿la izquierda? No tengo ni idea). Por la consistencia, como
de goma, y por el aspecto, la cosa recordaba, francamente, los
tentáculos de un pulpo. Sin embargo, he dormido bastante bien.
Miércoles,
Escuela de Arte de Avignon; un «día del fracaso» organizado por Arnaud
Labelle-Rojoux. Yo tenía que hablar del fracaso sexual. Todo ha empezado
casi alegremente, con una proyección de cortometrajes reunidos bajo el
título Películas sin cualidades; unos hilarantes, otros extraños, a
veces ambas cosas (creo que el rollo circula por diversos centros de
arte; sería una pena perdérselo). Después he visto un vídeo de Jacques
Lizène. Está obsesionado con la miseria sexual. Su sexo sobresalía de un
agujero en una placa de contrachapado; tenía alrededor un nudo
corredizo hecho con un cordel que servía para accionarlo. Lo agitaba
mucho rato, a sacudidas, como si fuera una marioneta floja. Yo estaba
muy incómodo. Esa atmósfera de descomposición, de fracaso triste que
acompaña al arte contemporáneo, acaba por hacerle a uno un nudo en la
garganta; y se echa de menos a Joseph Beuys con sus propuestas llenas de
generosidad. Aun así, el testimonio sobre nuestra época que implican
cosas como ésta es de una precisión que le deja a uno impresionado. He
pensado en eso durante toda la tarde, y no he podido escapar de esta
conclusión: el arte contemporáneo me deprime; pero me doy cuenta de que
representa, con mucho, el mejor comentario reciente sobre el estado de
las cosas. He soñado con bolsas de basura rebosando de filtros de café,
de mondaduras, de trozos de carne en salsa. He pensado en el arte como
mondadura, y en los pedazos de sustancia que se quedan pegados a las
mondaduras.
Sábado,
encuentro literario en el norte de la Vendée. Algunos escritores
«regionalistas de derechas» (se sabe que son de derechas porque, cuando
hablan de sus orígenes, les encanta mencionar a un antepasado judío de
hace cuatro generaciones; así todo el mundo puede comprobar su
mentalidad abierta). Por lo demás, como en todas partes, un público muy
variopinto; lo único en común es la lectura. Esta gente vive en una
región donde el número de matices del verde es infinito; pero bajo el
cielo completamente gris desaparecen todos los matices del verde. He
pensado en el curso de los planetas cuando ya no quede vida, en un
universo cada vez más frío, marcado por la progresiva extinción de las
estrellas; y las palabras «calor humano» casi me han hecho llorar.
Domingo, he subido en el TGV para volver a París; se acabaron las vacaciones.
Texto aparecido en la sección «Le carnet à spirales»
de Les Inrockuptibles (número 5, 1995) reeditado
en Interventions, Flammarion, 1998
(Fuente: Descontexto)

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