A la tierra
y ella inquieta acelera
su sonoro galopar fúlgido
para después detenerse
bajo la lluvia ondulando lenta
o suavemente inmóvil como una amante
los ojos del poeta entonces la miran
acariciando sus formas
sus praderas tranquilas y la piel húmeda
de sus colinas abandonadas
al contacto del deseo
De: «𝘚𝘰𝘭𝘴𝘵𝘪𝘤𝘪𝘰» (1999)
(Fuente: Grover González Gallardo Poesía)
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