lunes, 11 de agosto de 2025

Eufrasio Guzmán Mesa (Colombia, 1951)

 

Mañongo 

“El azar es un dios que viaja de incógnito”.

Angelus Silesius

 

 

Por mucho tiempo ese dios me ha invitado al silencio prudente para poder escuchar más fuerte a la voz que viene desde el pasado y debe hablar en mí. Sea lo que él quiera. Mis antepasados dirán. ¿Saludan o se despiden?

En la lucha entre el agua y el fuego siempre es el fuego quien perece, la tierra se enfría, pero el agua del conocimiento, el agua de sol que pasa por la mano de los vegetales siempre da más sed, es fuego que crece dentro del agua. ¿Hay un agua fría que sea como la que describe San Juan? Cristo la prometió a sus seguidores y sería una fuente que los haría saltar más allá de sí hasta la vida eterna y no se secaría nunca. Pero la sed se origina en que la tierra y sus habitantes maldicen en ocasiones al mismo ser humano y lo expulsan y lo vomitan. No hay otra solución que recoger los mendrugos esparcidos, los canastos, las mujeres y los niños, solo los bienes necesarios y salir a buscar otro horizonte. Partir. Alejarse es entrar en la seriedad impura de la vida y se rompe así para siempre con los ángeles guardianes de la tierra donde se nace. Cuando emigramos rompemos con esos testigos de nuestro nacimiento y ya nunca, ni la riqueza, ni el poder, ni la fama consolarán nuestro suplicio. Y al salir de su suelo las primeras que aprenden su lección de desarraigo son las mujeres y lo que entra en sus cuerpos son nuevos espíritus que ahora gobernarán lo que antes era una tribu unida.

Soy piel y sentidos por todas partes, soy piedra que rueda sin rostro y se desliza entre el agua sin hundirse y sin flotar. Esa mujer que parte puede ser la mirada fija que hiere de muerte y que al mismo tiempo sana y alegra la carne. Ese es el misterio de dios hecho hembra que nos cruzamos en la vida. Los machos cazaron para alimentarse, las hembras domesticaron a plantas y crías; supieron encontrar en el feto del vientre de las bestias la promesa de la vida. La inhumanidad sublime de las hembras las ha llevado a amamantar de su propio pecho a los cachorros de las fieras cazadas. Y esa inhumanidad asusta a los hombres que creen ver en la mujer la serpiente y si los besa piensan que esa miel es veneno y si lo abrazan creen perder el aliento.

Soy piedra. Primero era el vacío, dicen algunos. No lo creo. En el principio era la piedra oscura del caos que no cesa.

Estas palabras resuenan en mí cerebro y son eco de cosas que he leído en Eleazar de Miguel Tournier, Nietzsche y el Libro.

 

Mañongo. Medellín. Crealetras. 2025. Págs. 7-8.  

 

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