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Morí por la belleza, pero a poco
de quedarme en la tumba,
yacía en un cuarto contiguo.
Me preguntó en voz baja por qué me consumí.
—Por la belleza —contesté.
—Y yo por la verdad, las dos son una:
somos hermanos —dijo.
Y así, como parientes que se encuentran una noche,
hablamos de un cuarto al otro,
hasta que el musgo alcanzó nuestros labios
y cubrió nuestros nombres.
Traducción de Raúl Gustavo Aguirre
(Fuente: Lilian Silva G.)
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