Nuestra deuda
es aullar
entre la niebla filistea
y el fragor de la tormenta.
El poeta
siempre adeuda al universo,
paga con su dolor
las multas,
los impuestos.
Adeudo
las calles de Broadway,
los cielos de Bagdad,
el ejército rojo,
los jardines de cerezos del Japón,
todo aquello
sobre lo que aún
no pude cantar.
Al fin y al cabo
¿para qué
tanta agitación? …
La palabra del poeta
es su resurrección,
su inmortalidad…
(fragmento Conversación con el inspector fiscal sobre poesía)
(Fuente: Lilian Silva G.)
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