sábado, 5 de julio de 2025

Salvatore Quasimodo (Italia, 1901 - 1968)

 

Salvatore Quasimodo - Todavía, desde el infierno 

 

 

Y DE PRONTO ANOCHECE

 

Cada uno está solo sobre el corazón de la tierra
traspasado por un rayo de sol:
y de pronto anochece.
 
 
 

EN MÍ ALIMENTO UN MAL

 

Grato respiro una raíz
es expresión de árbol corrompido.
En mí alimento un mal
de vivo que al cambiar
sufre incluso la carne.
 
 
 

GARZA MUERTA

 

En el pantano caliente, hundida en el fango,
llena de insectos, me duele
una garza muerta.
Me consumo en voz y sonido;
temblando en débiles ecos
de tiempo en tiempo gime un soplo
olvidado.
Piedad, que no me halle
sin voces y sin rostros
en la memoria un día.
 
 
 
 

TODAVÍA UN VERDE RÍO

 

Todavía me arrastra un verde río
y armonía de hierbas y de chopos
en que olvidar la luz de nieve muerta.
Y aquí, en la noche, un manso cordero
ha bramado con la cabeza ensangrentada:
diluvia en ese grito el tiempo
de los largos lobos invernales,
del pozo que es patria del trueno.
 
 
 

ESCRITO TAL VEZ SOBRE UNA TUMBA

 

Aquí, lejos de todos, el sol cae
sobre tus cabellos y enciende en ellos su miel,
y a nosotros los vivos nos recuerda en su arbusto
la última cigarra del verano,
y la sirena que ulula aguda
las alarmas en la llanura lombarda.
Oh abrasadas voces del aire, ¿qué queréis?
Todavía desciende el tedio de la tierra.
 
 
 

EPITAFIO PARA BICE DONETTI (primera esposa del poeta)

 

Con los ojos expuestos a la lluvia y a los elfos nocturnos,
allí está, en la sección quince, en Musocco,
la mujer emiliana por mí amada
en el tiempo triste de la juventud.
Hace poco que fue arrebatada por la muerte
mientras contemplaba apacible cómo el viento del otoño
sacudía las ramas, las hojas de los plátanos
desde su casa gris en el suburbio.
Su rostro se mantiene aún atónito
como, seguro, lo tuvo en su infancia, fulminado
por el devorador de fuego alto sobre su carro.
Oh tú, que pasas empujado por los muertos
delante de la fosa once sesenta,
detente un minuto a saludar
a la que jamás se quejó del hombre
que aquí queda, odiado, con sus versos,
uno de tantos, obrero de ensueños.
 
 
 
 

MÁS ALLÁ DE LAS ONDULACIONES DE LAS COLINAS

 

La vida no te abandonó por cábalas
o híbridos emblemas del zodiaco, por sílabas,
y números ordenados para descubrir
de nuevo el mundo. Mas estuviste en prisión
midiendo, con la arena y la sangre,
los silencios, las voces de la muerte,
más allá de las ondulaciones de las colinas.
 
 
 
 

EN ESTA CIUDAD

 

La máquina que tritura los sueños
también se encuentra en esta ciudad: con una ficha
oportuna, un pequeño disco de dolor,
enseguida te lleva, al más allá, en esta tierra,
desconocido en medio de sombras delirantes,
sobre algas de fósforo hongos de humo:
un carrusel de monstruos
que gira sobre conchas
que pútridas se quiebran y resuenan.
Está en un bar que hace esquina, allá a la vuelta
de los plátanos, aquí en mi ciudad
o en otro sitio. Ánimo, que ya se pone en marcha.
 
 
 
 

NO HE PERDIDO NADA

 

Aún estoy aquí, el sol gira
detrás como un halcón y la tierra
repite mi voz en la tuya.
Y vuelve a comenzar el tiempo visible
en el ojo que de nuevo descubre la luz.
No he perdido nada.
Perder es ir más allá
de un diagrama del cielo
a lo largo de movimientos de sueños, un río
lleno de hojas.
 

 

Traducción de Antonio Colinas 

 

 (Fuente: Manuel Gil Morales) 

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