POEMAS DE ROBERT GRAVES TRADUCIDOS POR ANTONIO RIVERO TARAVILLO

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JUNTO A LAS BRASAS
¿Qué vida llevar y a dónde ir
tras la Guerra, tras la Guerra?
A menudo hablábamos de eso.
Pero aún veo el brillo de las brasas
en la noche de abril, y siento el humo
y el acre sofoco del cisco ardiente.
Pensaba: »Una casa en las colinas,
en el norte de Gales, y mil libros,
cuadros y bronce, cómodos rincones
y confortables y anchos alféizares,
flores en el jardín, cal en los muros.
Allí viviría en paz, soñaría y escribiría».
Pero Willie decía: »No, no sirve la Patria:
la vieja Inglaterra no tiene futuro,
ya no siento nada por los míos;
Francia en cambio le ha dado a mi corazón
lo bastante para toda mi vida.
Me iré al Canadá con mi mujercita».
»Ven con nosotros, Mac, abuelo», pero Mac
decía: »No, para mí una isla de coral,
una esmeralda en los mares del Sur.
Una choza con trastos, sí, tiene su aquel,
y el trabajo es una cosa estupenda… pero
a mí dadme una playa caliente y un cocotero».
Así que hicimos y dispusimos para Willie
su cabaña de troncos, y para Mac
una tranquila hamaca entre palmeras
—idílicas moradas—, pero esta estúpida
Guerra Loca ha derribado las dos.
¿Y qué puedo esperar para mi casa?
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EL AMOR PERDIDO
Tanto aguza sus ojos la desdicha
que puede ver las hojas o la hierba
crecer a cada instante; puede ver
claramente a través de un grueso muro,
o contemplar cómo el inquieto espíritu puede
huir de la garganta de un muerto.
Puede oír a dos condados de distancia
y escuchar tus palabras antes de que hables.
La cochinilla y el débil clamor del gusano
resuenan en su triste oído;
y un ruido que, de tan leve, es increíble:
el que hace la hierba cuando bebe,
lo que hablan las lombrices,
el gruñido de las hormigas que acometen
cargas gigantescas por motivos de honor,
el crujido de sus tendones, su resuello,
el zumbido de las arañas cuando tejen,
y los menudos susurros, farfullos y suspiros
de ociosas larvas y de moscas.
Tanto aguza a este hombre la desdicha
que vaga como un ladrón o igual que un dios,
dentro y fuera, abajo, arriba,
buscando sin cesar su amor perdido.
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ESPEJO DE CUERPO ENTERO
Perdida mansión que recorro siempre,
como un fantasma en forma de mujer.
Con dedos extendidos, escaleras arriba,
y escurriéndome tenaz por tus pasillos,
la costumbre nocturna me trae a esta estancia,
y hasta en las tardes cálidas me tira
un hilo de memoria que se hunde en el tiempo.
Vacía, salvo por un vasto lecho suntuoso
que cubren mohosas cortinas retorcidas
(teatro de marionetas donde una maligna fantasía
puebla de miedo los bastidores). A mi derecha
una reliada campanilla cuelga dispuesta
para llamarme, desde mis penumbras del ático,
a servir a otros espectros superiores; a mi izquierda,
un sombrío espejo de cuerpo entero, resquebrajado,
no se digna presentar el rostro (como los espejos nuevos)
con mentiroso arrebol, sino triste y pálido,
como se tornan los rostros que en espejos se miran.
¿No hay vida, nada salvo la delgada sombra
y la aprensión en blanco, nunca una rata
raspando una corteza? ¿O en el cristal de la ventana
ninguna mosca, alguna araña hambrienta?
Las ventanas enmarcan cielos fríos
que casi se funden con el mar, como la creación primigenia,
un maremágnum abstracto, confuso. Da media vuelta,
escruta una vez más sobre el azogue, atento
al ser, los labios grises y la melena alborotada,
los ojos que miran somnolientos. Ah, espejo, por Dios,
dame una señal de que aún habita,
remota, ahí —más allá del misterio de esta isla,
de modo que esté de este lado la esperanza, en alguna parte,
en riachuelos, en pastos de montañas soleadas—
la vida verdadera, el aliento natural; no este fantasma.
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CON IDEAS INCONEXAS
Él es brillante, y piensa con ideas claras;
yo soy torpe, y pienso con ideas inconexas.
Él se vuelve aburrido, confiando en sus ideas claras;
yo me vuelvo sutil, desconfiando de mis ideas inconexas.
Confiando en sus ideas, asume la importancia de éstas;
desconfiando de mis ideas, cuestiono la importancia de éstas.
Asumiendo su importancia, asume la realidad;
cuestionando su importancia, cuestiono la realidad.
Cuando la realidad le falla, cuestiona sus sentidos;
cuando la realidad me falla, apruebo mis sentidos.
Él sigue sutil y aburrido con sus ideas claras;
yo sigo torpe y sutil con mis ideas inconexas.
Él, con una nueva confusión de su entendimiento;
yo, con un nuevo entendimiento de mi confusión.
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UNA RELACIÓN ANTERIOR
Y feliz de descubrir, reconsiderándolo,
que significó para mí aún menos de lo que creía:
sabes que el barco se mueve cuando ves
que los fardos del muelle se deslizan
y se hacen pequeños, y sientes un sereno regocijo
cuando el puerto desaparece y se borra la costa,
y los barcos son pocos, cada uno en su rumbo,
sin que haya ocasión de acercarse o palabras.
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LEVANTARSE TEMPRANO
Levantarse temprano y andar por el jardín
antes que el sol remonte la colina,
con sus rayos calentando el tejado, pero aún no la hierba
todavía blanca de rocío.
Y sin brisa suficiente para rizar el humo,
y allá en los prados aún una espesa neblina,
y nada en parte alguna mal o que nos choque;
muchas gracias por esto.
Mas ¿hubo alguna vez un día tan sabio
como para ser siempre temprano, alzar recto el humo
incluso a las tres de la tarde
y evitar lo feo o el sudor?
En realidad recuerdo muchos días así,
blancos de rocío y colmados de gracia hasta el final,
que abolían los esfuerzos, y sin embargo no había más hambre
que la de levantarse media hora antes de desayunar,
ni más fatiga: ¿dónde fue, que yo iba
tan impertérrito, con los pies dando zancadas
como extraños sobre el pasado?
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COMO NIEVE
Entonces ella, como nieve en noche cerrada,
cayó en secreto. Y se despertó el mundo,
deslumbrados los ojos soñolientos,
tanto que algunos susurraron: »Demasiada luz»,
y echaron las cortinas.
Como nieve, más cálida de lo que los dedos temían,
y suave con la tierra;
guardando las historias de la noche
en vestigios aún no derretidos.
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RARA VEZ, MAS AHORA
Rara vez, mas ahora: con la esencia
de este salvaje amor que nos tenemos,
rara vez el encuentro
y la presencia siempre,
libre de juramentos o promesas.
Y si no fuésemos así,
sino aves de un idéntico plumaje
enjauladas en la paz cotidiana,
¿aún preservaríamos la hoguera, lejos
de la tierra común, igual que ahora?
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EN EL MEJOR CASO, POETAS
La mujer con sus bosques, lunas, flores, aguas,
y vigilantes dedos:
no podemos presumir de magia comparable a la suya.
En el mejor caso, poetas; en el peor, hechiceros.
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EL HOMBRE HACE, LA MUJER ES
Atentamente a la luz de la lámpara
examiné la palma de tu mano,
su línea del corazón idéntica a la de la vida;
y tú examinaste mi ceño aprobador.
Extendí mis cartas boca arriba en la mesa,
sin retarte a que enseñaras las tuyas.
El hombre hace, la mujer es:
¿puede un jugador discutir con su suerte?
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ATRASOS DE LUZ DE LUNA
Mi corazón yace envuelto en rojo bajo tu almohada,
mi cuerpo vaga proscrito entre las estrellas;
con un pretexto terrestre u otro,
aún retienes los extravagantes atrasos
de luz de luna que nos debes,
aunque la lechuza grita, lejos, desde una rama de olivo
su breve y monótono recordatorio que dura la noche entera.
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EL BARRANCO
Más allá de toda esperanza de entrar,
está donde tú reinas; aquí está mi frontera.
En medio de nosotros aúllan fantasmas muy antiguos,
pero el puente que cruzo, oculto a la vista
incluso a la luz del día, y el barranco insondable,
oscila y resuena bajo mi firme paso
porque te necesito.
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LA GOTA DE ROCÍO Y EL DIAMANTE
La diferencia entre tú y ella
(a la que un día preferí sobre ti)
es muy fácil de establecer:
ella brillaba como un diamante, pero tú
brillas como la primera gota de rocío
posada en el pétalo de una rosa roja.
La gota de rocío guarda en su ojo
bosque y montaña, cielo y mar
y todos los cambios del cielo;
por el contrario, un diamante separa
la vista en porciones inútiles
que no se pueden recomponer.
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EL MAR ESTRECHO
Contigo como mástil y bandera,
mi velamen y ancla,
el mar estrecho pero opresivo de la muerte
no me parece innavegable.
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Graves, Robert. Poemas (Trad. Antonio Rivero Taravillo). Valencia; Ed. Pre-textos, 2005.
(Fuente: hectorcastilla.woerdpress.com)
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