viernes, 4 de julio de 2025

Milovan Danojlic (Ivanovci, Serbia, 3 de julio de 1937)

 

 



BALADA DE LAS ANTIGUAS PALABRAS 

 

Crecen aun los flancos de la umbría; bajo la nieve, en la huerta
La papa duerme sobre la paja con las manzanas;
Y un aliento, cálido, o sombra, una palabra de nadie
Se adivina en la noche, junto al heno; ¿es el alma de la hierba? 
 
Entre los dedos del sauce, en el bostezo de las branquias
Se eleva un temblor, susurro de la rama dormida bajo el agua;
La sangre del cerdo degollado a través del humo; el fin del mundo
Se dibuja, en diciembre, en la geometría de la escarcha;
Las encinas lloran en el fuego, y un silbido —aguja del viento—
Penetra, en la medianoche, el alma y el cuerpo;
Huele el barro desecado, conocido — desconocido;
Antiguas palabras nos llegan de las aldeas altas. 
 
A través de la niebla viajan los árboles; los peñascos y solanas
Se apresuran, y el monte se precipita en el río:
De repente todo se calma, y hondo cae el mundo
En la desgarrada aurora, en la mañana de azulada piedra;
En muela de luna y nieve se afilan los claros cuchillos;
Y el silbido, secreto, llega siempre de la misma parte;
No ser hombre, sino ardilla, topo, marmota
Que lleva el alimento a su cálida guarida;
Se apagan las ventanas de las brozas, hace tiempo que el pájaro 
no canta
A través del harinado cristal, del agua, se desgrana la luz amarilla;
Todos los caminos están cerrados; y otra vez en la larga noche
Antiguas palabras nos llegan de las aldeas altas.
Junto al camino llora la mata; en las garras, en las venas
Una lágrima tras otra se derrama, y el sueño se nos filtra;
Soñamos, y no existimos; los secretos nos duran y maduran
En las cálidas madrugadas, en el aliento del garlado despierto;
En los arroyos, junto al camino, los viajeros encienden fuego
Luego sueñan, cubriendo los caballos callados, negros;
En el torbellino, decapitado, brinca el molino;
Huyendo bajo el hielo, el agua fluye a través de las defensas:
No sabernos desde cuando estamos aquí; las nieves y siglos
Se derrumban detrás, caen en la niebla antes del origen;
El cuerpo querría volver a un seco refugio:
Antiguas palabras nos llegan de las aldeas altas... 
 
Una cabeza de oso, un farol y el carbón que arde:
Del grillo aprenderé el hambre, de la hormiga el sueño infinito;
En el fin del mundo, como una estrella, brilla el ardiente cuarto terreno
Se esfuman las largas noches en vísperas de las fiestas invernales;
Se raja la corteza del olmo, la pequeña encina revienta en la helada
Y consigo mismo, más ardorosamente, se inflama la estrella
Bestias, dadnos lugar; dividamos la guarida
Donde el follaje del año pasado huele como el de anteaño;
El árbol huye de la noche, luego se desgarra, irrumpe
Por los costados, o abajo, la niebla blanca lo devora;
En ningún lugar, nadie de los nuestros, nosotros soñamos levemente:
Antiguas palabras nos llegan de las aldeas altas.
 
 
(Traducción: Juan Octavio Prenz, argentino)
En: Poetas contemporáneos de Yugoslavia
Selección, traducción y prólogo de Juan Octavio Prenz
Lima: Librería-Editorial Juan Mejía Baca, 1977, pp. 232-234
 
 
(Fuente: Óscar Limache) 
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario