lunes, 21 de julio de 2025

Miguel Gaya -(Buenos Aires, 1953)

 

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Para Jorge Aulicino. 

 

Y en un momento preciso todas las aves
se detuvieron en el aire,
y los ríos detuvieron sus cursos y los peces
quedaron suspensos.
Y por primera vez pudimos contar la arena
del fondo de los océanos porque
las aguas
se quedaron quietas
y las olas quietas también y las contamos.
Todo esto pasó
cuando quedaste muerto.
 
Ya no hubo fuga
en las estrellas, no flotaron nubes,
ni se escucharon pisadas en los bosques. Todo eso
está quieto. Todo mudo.
Todo bosque mudo,
todo mar océano
toda ciudad dormida,
toda mujer quieta y muda y dormida
y los hombres también.
 
Y lo que tanto te preguntabas
sobre la suerte del universo
y el sentido de cuanto hacías,
en esto ha quedado.
Ya no sirven para nada
esas preguntas
porque estás muerto.
 
Incluso no importa si esto que te digo es verdad
porque estás muerto.
 
Así me quedo quieto yo
pensando
en que estás muerto.

 

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