martes, 22 de julio de 2025

Manuel Santos Otero (Manatí, Puerto Rico, 20 julio 1948–San Juan, 7 octubre 1990)

 

 



POR MÁS QUE NO LA QUIERA

 

Por más que no la quiera Penélope soporta
su soledad de aguja ensangrentada
torniquete del brazo que vomita su barco
tejemeneje alfombras del mapa interminable
deI nuevo laberinto para el perfecto esclavo
vuélvese la vigilia tecata de la estatua
despellejada en olas que la vejez regresa
pero ahora es la hora que enternece la vena
la misma siempre vena que sueña del futuro
entre cuatro paredes pintadas de azul índigo.
Cada vez que la punta se atraviesa de carne
deshace la mortaja que condena su vida
la luminosa cárcel que suicida su luna
para quel cielo vuelva del entremuslo agrio
y así mismo es el vino preñado en su alambique.
ÉI volverá tatuado por sirenas
calentará sus sábanas de asfalto
Ie contará ese cuento sabio:
“He vuelto del Infierno, me merezco la tumba
de tu abrazo”. 
 
 
 

KAVAFIS 

 

Si vas a volver a Borikén,
ya llevas recorrido la mitad del camino;
el exilio ha sido generoso contigo y tú mismo comprendes
que sólo te hacen falta los huesos del destino.
Piensa, que ningún compañero compartirá tu soledad,
que la ciudad te amó y entre sus ruinas fuiste
espíritu de luz, sin haber estado muerto,
y de noche fue tuyo el cuerpo de la noche.
No temas al Ángel que cada madrugada
dejó sobre tu cama las palabras prohibidas
que te hicieron poeta,
tu corazón siempre ha sido azul de mar
y sus sirenas no quieren tu naufragio.
 
No eres el escogido, y sin embargo eres
el que regresará con lámparas de gas
a desviar el curso de tantos huracanes.
No dejes que el perfume impaciente de los flamboyanes
precipite la imagen, encontrarás cántaros
llenos de aguas de parchas para calmar la sed
y cuevas de golondrinas de una playa lejana
devolverán la paz de tu niñez.
Y sobre todo, reconocerá viajeros cuyo regreso
será testigo de quel recuerdo es carbón para tu hoguera.
 
Piensa que ningún compañero compartirá tu soledad,
pero además, camino a Borikén tu barco se cruzará
con otro barco rumbo a Ítaca, y sabrás
que vuelven los guerreros, que solo reposaron
en el puro gozo de la carne.
Y si al llegar, Borikén es la misma
que te obligó al exilio, sacrifícala;
sólo de cuna y tumba te ha servido la tierra,
y entre ambas, un hombre entre hombres
ha cultivado arrugas entre la nada.
 
No habrás perdido tiempo deshilvanando tiempo,
volviendo a Borikén has vuelto hasta tu centro;
Borikén es el nombre que te dieron los dioses.
 
 
El libro de la muerte (1985)
En: Selena Millares
Poesía centroamericana y puertorriqueña. Antología esencial (2013)
Madrid: Visor Libros, 2013, pp. 635 y 636-637
 
(Fuente: Óscar Limache) 
 

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