domingo, 8 de junio de 2025

Tom Maver (Buenos Aires, 1985)

 

Tom Maver – El sastre de Apollinaire 



 
En Aña Cuá las plantaciones
son dominio del río –
que baja entre los naranjales y se renueva
ante cosecheros mudos.
Todo es inmenso acá –
salvo las flores de la orilla.
Salvo los peces que saltan a la superficie
fascinados por un mundo
que vuelve a cerrarse a sus espaldas
mojadas por una luz crepuscular.
Salvo mi madre en su vestido de novia
que se aleja remando.
Salvo mi padre,
que se durmió mientras tomaba
el vino de su boda, murmurando
me olvida no me olvida me olvida,
el regazo cubierto de pétalos.
 
*****
 
 
Nuestro padre trabajó por años
en la plantación de naranjas.
Pero hay que saber que Aña Cuá
no era sólo el nombre de ese sitio:
además era el lugar
donde más había sido visto su dueño,
Aña Cuá, el Demonio guaraní.
Trabajaste por años
para el Diablo, Papá.
Para Yasi-Yateré
o Boguá o Mbae pochú
o Waikuprí o Yaguarón,
o si te gusta más:
para Yaguareté-abá.
Detrás de sus mil nombres
se esconde la sonrisa del patrón
que padecen los campesinos.
 
*****
En "Nocturno de Aña Cuá"
 
(Fuente: Daniel Rafalovich) 

 

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