miércoles, 4 de junio de 2025

Pedro Mir (República Dominicana: San Pedro de Macorís, 3 de junio de 1913-Santo Domingo, 11 de julio del 2000)

 

 



CONTRACANTO A WALT WHITMAN

 

(Canto a nosotros mismos)
Vio la luz pública por primera vez en Guatemala, 1952.
La primera edición dominicana es de 1963
Contracanto a un célebre poema de Walt Whitman publicado en 1855 con el título de
“Canto a mí mismo” (Song of myself)
que se inicia así:
“Yo, Walt Whitman, un cosmos, un hijo de Manhattan…
 
 
Yo,
un hijo del Caribe,
precisamente antillano.
Producto primitivo de una ingenua
criatura borinqueña
y un obrero cubano,
nacido justamente, y pobremente,
en suelo quisqueyano.
Recorrido de voces,
lleno de pupilas
que a través de las islas se dilatan,
vengo a hablarle a Walt Whitman,
un cosmos,
un hijo de Manhattan.
Preguntarán
¿quién eres tú?
Comprendo.
Que nadie me pregunte
quién es Walt Whitman.
Iría a sollozar sobre su barba blanca.
Sin embargo,
voy a decir de nuevo quién es Walt Whitman,
un cosmos,
un hijo de Manhattan.
 
1
Hubo una vez un territorio puro.
Árboles y terrones sin rúbricas ni alambres.
Hubo una vez un territorio sin tacha.
Hace ya muchos años. Más allá de los padres de los padres
las llanuras jugaban a galopes de búfalos.
Las costas infinitas jugaban a las perlas.
Las rocas desceñían su vientre de diamantes.
Y las lomas jugaban a cabras y gacelas…
 
Por los claros del bosque la brisa regresaba
cargada de insolencias de ciervos y abedules
que henchían de simiente los poros de la tarde.
Y era una tierra pura poblada de sorpresas.
Donde un terrón tocaba la semilla
precipitaba un bosque de dulzura fragante.
Le acometía a veces un frenesí de polen
que exprimía los álamos, los pinos, los abetos,
y enfrascaba en racimos la noche y los paisajes.
Y eran minas y bosques y praderas
cundidos de arroyuelos y nubes y animales.
 
2
(¡Oh, Walt Whitman de barba luminosa…!)
Era el ancho Far-West y el Mississippi y las Montañas
Rocallosas y el Valle de Kentucky
y las selvas de Maine y las colinas de Vermont
y el llano de las costas y más…
Y solamente
faltaban los delirios del hombre y su cabeza.
Solamente faltaba que la palabra
mío
penetrara en las minas y las cuevas
y cayera en el surco y besara la Estrella
Polar. Y cada hombre
llevara sobre el pecho,
bajo el brazo, en las pupilas y en los hombros,
su caudaloso yo,
su permanencia
en sí mismo,
y lo volcara por aquel desenfrenado territorio.
 
3
Que nadie me pregunte
quién es Walt Whitman.
A través de los siglos
iría a sollozar sobre su barba blanca.
He dicho que diré
y estoy diciendo
quién era el infinito y luminoso
Walt Whitman,
un cosmos
¡un hijo de Manhattan!
 
6
¡Oh, Walt Whitman, tu barba sensitiva
era una red al viento!
Vibraba y se llenaba de encendidas figuras
de novias y donceles, de bravos y labriegos,
de ruidos mozalbetes camino del riachuelo,
de guapos con espuelas y mozas con sonrisa,
de marchas presurosas de seres infinitos,
de trenzas o sombreros…
Y tú fuiste escuchando
camino por camino
golpeándoles el pecho
palabra con palabra.
¡Oh, Walt Whitman de barba candorosa,
alcanzo por los años tu roja llamarada!
 
13
Si queréis encontrar el duro acento moderno
de la palabra
yo
id a Santo Domingo.
Pasad por Nicaragua. Preguntad en Honduras.
Escuchad al Perú, a Bolivia, a la Argentina.
Dondequiera hallaréis un capitán sonoro
un yo.
Un jefe luminoso,
un yo, un cosmos,
Un hombre providencial,
un yo, un cosmos, un hijo de su patria.
Y en medio de la noche fragorosa de la América
escucharéis, detrás de madureces y fragancias,
mezclados con sordos quejidos, con blasfemias y gritos,
con sollozos y puños, con largas lágrimas y largas
aristas y maldiciones largas
un yo, Walt Whitman, un cosmos,
un hijo de Manhattan.
Una canción antigua convertida en razón de fuerza
entre los engranajes de las factorías, en las calles
de las ciudades. Un yo, un cosmos, en las guardarrayas,
y en los vagones y en los molinos de los centrales.
Una canción antigua convertida en razón de sangre y
de miseria,
un yo, un Walt Whitman, un cosmos,
¡un hijo de Manhattan…!
 
16
Y un día,
en medio del asombro más grande de la historia,
pasando a través de muros y murallas
la risa y la victoria,
encendiendo candiles de júbilo en los ojos
y en los túneles y en los escombros
¡Oh, Walt Whitman de barba nuestra y definitiva!
Nosotros para nosotros, sobre nosotros
y delante de nosotros…
Recogeremos puños y semilleros de todos los pueblos
y en carrera de hombros y brazos reunidos
los plantaremos repentinamente
en las calles de Chile, de Ecuador y Colombia,
de Perú y Paraguay,
de El Salvador y Brasil,
en los suburbios de Buenos Aires y de La Habana
y allá en Macorís del Mar, pueblo pequeño y mío,
hondo rincón de aguas perdido en el Caribe,
donde la sangre tiene
cierto rumor de hélices quebrándose en el río…
¡Oh Walt Whitman de estampa proletaria!
Por las calles de Honduras y Uruguay.
Por los campos de Haití y los rumbos de Venezuela.
En plena Guatemala con su joven espiga.
En Costa Rica y en Panamá.
En Bolivia, en Jamaica y dondequiera,
dondequiera que un hombre de trabajo
se trague la sonrisa,
se muerda la mirada,
escupa la garganta silenciosa
en la faz del fusil y del jornal.
¡Oh, Walt Whitman!
Blandiendo el corazón de nuestros días delante de nosotros,
nosotros y nosotros y nosotros.
 
Contracanto a Walt Whitman (1952)
En: Obras completas. Tomo 1. Poesía (2022)
 
Santo Domingo: Archivo General de la Nación / Banco de Reservas de la República Dominicana, 2022, pp. 101, 102, 103, 107, 117 y 122-123
 

(Fuente: Óscar Limache) 

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