Hoy me quedo con mi padre.
Vamos a hablar de todo lo que nunca nos dijimos.
Vamos a hablar mano a mano.
Tenemos ahora la misma edad de comprendernos.
Le voy a decir que cosas duelen,
que cosas sanan,
que ha hecho
el tiempo en nosotros.
Me va a decir que sólo se trata de ajustar bien la rosca al día.
De calibrar bien las decisiones.
Soldar lo mejor que se pueda aquello roto.
Meter las manos en el fuego y tomar las piezas heladas
hasta que se nos curta a cuero el dolor.
Voy a llorar tal vez y el mirará a otro lado
y señalará una calle que no está.
Voy a insistir con el llanto un poco para ver si me abraza
y sé que no lo hará
cada uno construye sus débiles modos de ser fuerte.
Escucharemos la música y comeremos colores y perfumes.
Me iré en sus hombros hasta donde su niñez.
Le daré las gracias.
Discutiremos mucho, siempre.
Nunca fui lo que esperaba
yo de él no puedo decir, nací de un
padre Hecho ya en la vida.
Beberemos un vino.
Recordaremos a los compadres.
Estoy sentada en una silla que soldó hace mas de 40 años.
Estoy sentada como en sus piernas.
En lo material de su regazo.
(Fuente: Daniel Rafalovich)
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