martes, 3 de junio de 2025

Laura García del Castaño (Córdoba, Argentina, 1979)

 

 


DOS POEMAS



Muerto es aquel
al que deja de nombrarse - dice Antonio 
 
Viajábamos en el Gacel por autopista
hablando de las casas amuralladas como cárceles
del invierno aguado
del negocio de las remiserias truchas
y de su pullover lleno de pelos
la mascota densa y energúmena
del solitario. 
 
Es el bicho sinvergüenza que me
acompaña
cruza de pequines y chancho del monte
Su nombre es Enrique Vega
como un amigo de la secundaria, un flaco brillante
parco de palabras
que hace poco me enteré de su muerte por el diario
-La forma que tiene el destino de vengar a los ingratos-
el engendro es mudo de chiquito, como el Enrique y mientras exista,
mi amigo no morirá.
 
Enrique Vega se trepa como un hijo
auxilia como un hermano
acoge como una casa a la que libraron de su fantasma
 
Antonio ignora que nombrar es dar remedio
alimentar un parásito que a la larga nos despecha,
un cigarrillo apagado
que se vuelve a encender
agrio y venenoso como lo que vive a la fuerza
Cada noche Antonio regresa
Encendido y de pie su animal lo espera
no ladra, aunque es muy agradecido
porque Enrique Vega sabe
que al principio fueron tres viviendo en esa casa,
que dos han forcejeado al llamado de su nombre
que uno ha triunfado
y que el perro ha muerto.
*****
 
 
 

LAVO LA SANGRE...

 

“Antes un cubo de agua era más valioso que nuestros propios hijos"
Tovognaze
Lavo la sangre de mi periodo en agua color café
Lavo la falla de mi nacimiento
Froto la censura del hombre
La mancha de la mutilación
La costura que es herida y amenaza
Ellos odian lo que no controlan.
No lo dejan ir. Yo lo dejo ir
Estrujo con fuerza mis bragas, como si torciera el cogote de un ave para el almuerzo
Como si exprimiera
la teta de una cabra famélica
El órgano entero de mi madre y de mis hijas
Lo dejo ir.
Lavo el musgo tibio de mi carne
La baba deslavada del universo
y ando así
Goteando sobre la sequedad intensa de mi pueblo
Me muevo lenta sobre los cultivos
para que nadie sienta el olor de
mi sangre desgajada y estéril
que a nadie alimenta
Hebra de madre muerta desmenuzada
no retenida
espesa fibra del baobabs
coágulo sin rostro
líquido terco, clandestino
pura arritmia del bosque
Mi cuerpo inundado
altera a mi padre avergüenza a mi hombre
Decepciona a los dioses
Sangro frente a mi esposo
Mientras estoy menstruando no puedo tocar sus remedios
ni sus amuletos, anulo su poder
Pero entonces apesto a mujer
No puedo evitarlo
Como el mandril
Esparzo el olor en dirección a mi obtuso rival
No puedo ser sumisa en esto
Sangro aunque me ordene que no lo haga
aún arrodillada ante él
Sangro y renazco
Anulo su poder
Lavo la sangre de mi periodo en agua color café
 
luego llevo el balde hasta la huerta
y riego
Espero que los brotes nazcan que mis hijas crezcan
que todo sea del color
de la tinta en que se impregna
 

(Fuente: Tema: Poesía) 

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