viernes, 6 de junio de 2025

Ana Claudia Díaz (Santa Teresita, Buenos Aires, Argentina, 1983)

 

EL FULGOR DE UN ENTRAMADO

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COLMENAS

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desplazarse siguiendo una ruta 

el trayecto de un rayo entre los acantilados

trasladarse en la identidad de la distancia

por ejemplo un micro

hundiéndose en la noche

meciendo entre la velocidad y el viento

el peso que llevamos de un lugar a otro

tratando de perderlo

en el camino que se hace

el tiempo muerto y vacío de un naufragio

el tiempo inmóvil en el interior

el falso tiempo real adentro del paisaje

declive en degradé montaña selva

ahora estamos a 4000 metros sobre el nivel del mar

nos arropamos en nuestros sacones tibios de lana

inclinamos los asientos

y dejamos que el espacio se desestabilice

mirando el costado oscuro

que a estas horas apenas se deja divisar.

*

la idea de los pueblos al costado de la ruta

panales de luz donde uno pasa por algunos minutos

y sin embargo puede decir que estuvo ahí

todas esas casas construyendo un horizonte instantáneo

que se desarma en lo que vendrá

aquellos lugares que solo existen en sus nombres

como la idea vaga de algo

como reconocerse ahí

en fragmentos minuciosos del tiempo

como la nieve suspendida

floreciendo en un árbol de algodón

o como cuando se van los veraneantes

así nosotros entrando y saliendo del vecindario

intuyendo como se ve su cielo en una noche de invierno

creyendo firmemente que alguna vez volveremos

pero sabiendo que solo se regresa a aquellos lugares

donde hay alguien que te espera con la casa cálida

la mesa puesta y la mesura suficiente

para escuchar las anécdotas del viaje

que para ese entonces ya se convirtió en pasado

dejando atrás las huellas en esa tierra seca

y el momento en que nos detuvimos a pensarlo.

*

lo cierto es que vos y yo

pasamos la noche sumergida en la inocencia

de quien sabe que cuando despierte

estará en el mismo lugar

que se puede seguir durmiendo largo rato

porque en ese trance

lo único que va a variar es la vista

y no es que fuera poco

pero no va a cambiar

la sensación de adormecerse

contra un respaldo mullido

hasta despertarnos a media mañana

con el sol incendiándonos el rostro

y la inmensidad que ya a esta altura 

nos rodea en todos sus vértices para ambos lados.

*

ahora pensamos

que somos como valles

cada uno con su propia quebrada

donde dejarse caer de a temporadas

o épocas donde derretir la luz

con sus cimas altas casi inalcanzables

desde donde mirar también

los costados guarnecidos y secos

tallados por el tiempo en sí

arcos gigantes en el alrededor

la montaña como un mar

vertical embravecido

como un espejo

la edad que se dibuja

en semi círculos dorados

en aros de mar los años erosionan

la textura de la piel de la tierra

las paredes del mundo

que nos envuelven hoy acá

en tejidos similares.

 


sobre Sinsépalo, Ana Claudia Díaz (Hemisferio Derecho Ediciones, 2024)

Sinsépalo, el nuevo libro de Ana Claudia Díaz -poeta oriunda de Santa Teresita, esa ciudad frente al mar que se llena en verano y se vacía en invierno- se suma a la serie (cuatro libros y cuatro plaquetas) que viene construyendo una poética precisa y a la vez evanescente, en donde la presencia del entorno late como una música que amalgama materia e imaginación. Espacios en donde desplegar la mirada, en donde producir acoples, incrustaciones del azar de la percepción: animal-mineral, táctil- visual, agenciamientos que solo justifica una lógica del oído y la intuición, eso que co-rresponde aún en lo inasimilable.

La dimensión extraña de lo cercano, que no es oscuridad sino más bien opacidad semántica, un trabajo formal que permite vislumbrar lo que la claridad nos arrebata. En la cuatro secciones que componen el libro hay desde poemas breves, a otros en donde  la escritura abre un caudal vertiginoso de materias, contactos y visiones,  pasando por los casi haikus de “Ciertas vacilaciones sobre la velocidad”,  a las prosas levemente barrocas o barrocomarinas de Sinsépalo. La apuesta de Ana Claudia nos hace reafirmar que en poesía lo sensorial es un ajuste de palabras, un encastre de términos que se anima a saltar la tiranía del logos. Y lo que se construye  entramado “en el linaje de desviarse y ser constante” -como dice en la contratapa Romina Freschi –  lo que da cuenta del mundo.

Mario Nosotti, Florida, Junio 2025


 (Fuente: Música rara)

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