EL FULGOR DE UN ENTRAMADO

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COLMENAS
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desplazarse siguiendo una ruta
el trayecto de un rayo entre los acantilados
trasladarse en la identidad de la distancia
por ejemplo un micro
hundiéndose en la noche
meciendo entre la velocidad y el viento
el peso que llevamos de un lugar a otro
tratando de perderlo
en el camino que se hace
el tiempo muerto y vacío de un naufragio
el tiempo inmóvil en el interior
el falso tiempo real adentro del paisaje
declive en degradé montaña selva
ahora estamos a 4000 metros sobre el nivel del mar
nos arropamos en nuestros sacones tibios de lana
inclinamos los asientos
y dejamos que el espacio se desestabilice
mirando el costado oscuro
que a estas horas apenas se deja divisar.
*
la idea de los pueblos al costado de la ruta
panales de luz donde uno pasa por algunos minutos
y sin embargo puede decir que estuvo ahí
todas esas casas construyendo un horizonte instantáneo
que se desarma en lo que vendrá
aquellos lugares que solo existen en sus nombres
como la idea vaga de algo
como reconocerse ahí
en fragmentos minuciosos del tiempo
como la nieve suspendida
floreciendo en un árbol de algodón
o como cuando se van los veraneantes
así nosotros entrando y saliendo del vecindario
intuyendo como se ve su cielo en una noche de invierno
creyendo firmemente que alguna vez volveremos
pero sabiendo que solo se regresa a aquellos lugares
donde hay alguien que te espera con la casa cálida
la mesa puesta y la mesura suficiente
para escuchar las anécdotas del viaje
que para ese entonces ya se convirtió en pasado
dejando atrás las huellas en esa tierra seca
y el momento en que nos detuvimos a pensarlo.
*
lo cierto es que vos y yo
pasamos la noche sumergida en la inocencia
de quien sabe que cuando despierte
estará en el mismo lugar
que se puede seguir durmiendo largo rato
porque en ese trance
lo único que va a variar es la vista
y no es que fuera poco
pero no va a cambiar
la sensación de adormecerse
contra un respaldo mullido
hasta despertarnos a media mañana
con el sol incendiándonos el rostro
y la inmensidad que ya a esta altura
nos rodea en todos sus vértices para ambos lados.
*
ahora pensamos
que somos como valles
cada uno con su propia quebrada
donde dejarse caer de a temporadas
o épocas donde derretir la luz
con sus cimas altas casi inalcanzables
desde donde mirar también
los costados guarnecidos y secos
tallados por el tiempo en sí
arcos gigantes en el alrededor
la montaña como un mar
vertical embravecido
como un espejo
la edad que se dibuja
en semi círculos dorados
en aros de mar los años erosionan
la textura de la piel de la tierra
las paredes del mundo
que nos envuelven hoy acá
en tejidos similares.

sobre Sinsépalo, Ana Claudia Díaz (Hemisferio Derecho Ediciones, 2024)
Sinsépalo, el nuevo libro de Ana Claudia Díaz -poeta oriunda de Santa Teresita, esa ciudad frente al mar que se llena en verano y se vacía en invierno- se suma a la serie (cuatro libros y cuatro plaquetas) que viene construyendo una poética precisa y a la vez evanescente, en donde la presencia del entorno late como una música que amalgama materia e imaginación. Espacios en donde desplegar la mirada, en donde producir acoples, incrustaciones del azar de la percepción: animal-mineral, táctil- visual, agenciamientos que solo justifica una lógica del oído y la intuición, eso que co-rresponde aún en lo inasimilable.
La dimensión extraña de lo cercano, que no es oscuridad sino más bien opacidad semántica, un trabajo formal que permite vislumbrar lo que la claridad nos arrebata. En la cuatro secciones que componen el libro hay desde poemas breves, a otros en donde la escritura abre un caudal vertiginoso de materias, contactos y visiones, pasando por los casi haikus de “Ciertas vacilaciones sobre la velocidad”, a las prosas levemente barrocas o barrocomarinas de Sinsépalo. La apuesta de Ana Claudia nos hace reafirmar que en poesía lo sensorial es un ajuste de palabras, un encastre de términos que se anima a saltar la tiranía del logos. Y lo que se construye entramado “en el linaje de desviarse y ser constante” -como dice en la contratapa Romina Freschi – lo que da cuenta del mundo.
Mario Nosotti, Florida, Junio 2025
(Fuente: Música rara)
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